Reconciliación: El corazón del Evangelio

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Durante el pasado siglo ha habido referencias y ecos del tema de la reconciliación en el debate teológrico sobre misión, pero solo en los últimos quince años se ha planteado como manera importante de hablar sobre misión cristiana. En 1992, la obra magistral de David Bosch, Transforming Mission, no la menciona. El reciente libro de Stephen Bevans y Roger Schroeder, Constants in Contexi publicado en 2004, contiene en cambio múltiples referencias a la reconciliación. ¿Qué ha sucedido?

Ha sido la expenencia de tratar de enfrentarse con un pasado violento, la necesidad de poner ñn a la hostilidad y el largo trabajo de reconstrucción de sociedades rotas lo que ha hecho poner la reconciliación en el primer plano de la atención de mucha gente, especialmente de quienes se interesan por el trabajo de la Iglesia. El hecho de que muchas conferencias recientes sobre misión hayan planteado este tema, y de que éste figure en el título y en los documentos preparatorios de esta Conferencia, es revelador del camino recorrido.

En esta comunicación, quisiera considerar de qué manera la reconciliación podria verse como un paradigma o modelo de misión. Empiezo por considerar cómo podemos ver que la idea de reconcilíación nos revela el corazón del Evangelio. Después me referiré a cómo se entiende hoy la reconciliación, al mismo tiempo eomo un proceso para emprender la misión y como el objetivo de la misión.

Reconciliación: El corazón del Evangelio

Aunque la palabra "reconciliación" no aparece como tal en las Escrituras Hebreas, y solo catorce veces en el Nuevo Testatnento, la Biblia está repleta de historias de reconciliación, desde las historias de Esaú y Jacob, y José y sus hermanos, hasta las parábolas de Jesús, especialmente la del hijo pródigo. Estas historias nos presentan la lucha que tiene lugar cuando se trata de alcanzar la reconciliación. Muchas de ellas tenninan antes de que se alcance de hecho la reconciliación, lo cual refleja en gran parte nuestra propia experiencia.

Es el Apóstol Pablo quien especialmente nos explica el concepto cristiano de reconciliación. Para Pablo, Dios es el autor de la reconciliación: de esto no tiene duda. Nosotros no hacemos sino participar en lo que Dios realiza en nuestro mundo. Se pueden discernir tres procesos de reconciliación promovidos por Dios. En el Dios reconcilia a una humanidad pecadora con Dios mismo. Esto se expone especialmente en la Epístola de Pablo a los Romanos (5:1,11), en la que Pablo describe la paz que ahora tenemos con Dios, quien ha derramado amor en nuestros coryones mediante el Espíritu Santo que se nos ha dado. Hemos sido reconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo, Jesucristo. Es por Cristo como hemos recibido ahora la reconciliación. Este acto de Dios reconciliándonos, rescatándonos de nuestro pecado, es llamado a veces reconciliación vertical. En cuanto tal, es la base de todas las demás formas de reconciliación cristiana. Es también central en la experiencia de Cristo del propio Pablo, que habiendo sido un perseguidor de la IglesiaEse convirtió, "en tiempo oportuno", en apóstol de Jesucristo.

El segundo tipo de reconciliación de que habla Pablo tiene lugar entre seres humanos individuales y grupos sociales. El ejemplo sobresaliente de esta categoría es la reconciliación entre judíos y gentiles. Aquí, la descripción de cómo se realiza esta reconciliación por la sangre de Cristo se presenta en Efesios 2:12 20: los gentiles, sin esperanza ni promesa, reciben juntamente la vida en Cristo, que ha derribado el muro de hostilidad que los dividía, y los ha hecho conciudadanos en la familia de Dios. Esta segunda clase de reconciliación se conoce a veces como reconciliación horizontal.

La tercera clase de reconciliación sitúa la obra de Dios por medio de Cristo en el contexto del conjunto de la creación. En los himnos iniciales de las Epístolas a los Efesios y a los Colosenses, se ve a Dios como reconciliador en Cristo de todas las cosas y todas las personas, las que están en los cielos y las que están en la tierra (Ef 1:10), haciendo que la paz reine en toda la creación por la sangre de la cruz de Cristo (Col 1:20). Esta clase de reconciliación suele llamarse reconciliación cósmica, y representa la plenitud del plan de Dios para la creación, que ha de realizarse al final de los tiempos.

Pablo ve a la Iglesia como participante en la obra de reconciliación de Dios mediante un ministerio de reconciliación, que Pablo presenta sueintamente en 2 Corintios 5:17 20:

Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo, y nos confió el ministerio de la reconciliación; porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nuestros labios la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡Reconciliaos con Dios! (Biblia de Jerusalén)

Es la reconciliación vertical la que hace posibles las dimensiones horizontal y cósmica. En este marco de reconciliación vertical, horizontal y cósmica es como debemos ver la misión cristiana. Esta misión hunde sus raíces en la missio dei, la actuación de la Santa Trinidad en los actos de creación, encarnación, redención y consumación. Por el Hijos, Dios ha llevado la reconciliación al mundo, venciendo al pecado, a la desobediencia y a la alienación que nosotros hemos causado. Cristo nos reúne con Dios por su muerte salvadora, que Dios confirma en la resurrección y la revelación de vida transfgurada. El Espíritu Santo capacita a la Iglesia para partieipar en este ministerio del Hijo y el Espíritu reconciliando el mundo. La propia Iglesia tiene necesidad de constante reconciliación, pero ella es el vehículo por el que la gracia salvífica de Dios viene a un mundo roto y desalentado.

Podría resumirse esta comprensión bíblica de la reconciliación en cinco breves epígrafes:
1. Dios es el autor de toda auténtica reconciliación. Nosotros no hacemos sino participar en la obra reconciliadora de Dios. Somos, con palabras de Pablo, "embajadores de Cristo" (2 Cor 5:20).
2. El primer objetivo de Dios en el proceso de reconciliación es la sanacíón de las víctimas. Esto se deduce de dos experiencias: el Dios de los grandes profetas en las Escrituras hebreas y el Dios de Jesucrisi So presta especial atención a los pobres y los oprimidos. Segundo, muy a menudo los pecadores no se arrepienten, y la sanación de la víctima no puede ser rehén de pecadores no arrepentidos.
3. En la reconciliación, Dios hace tanto de la víctima como del pecador una "nueva creación" (2 Cor 5:17). Esto significa dos cosas. Ante todo, cuando el pecado es grave no es posible volver a la situación anterior al pecado; tal cosa sería trivializar la gravedad de lo que se ha hecho. Solo podemos avanzar hacia un nuevo lugar. Además, Dios quiere tanto la sanación de la víctima como el arrepentimiento del pecador. Ni uno ni otro han de ser aniquilados; ambos han de ser llevados a un nuevo lugar, a una nueva creación.
4. Los cristianos encuentran un camino para salir de su sufrimiento colocándolo en el sulïrimiento, la muerte y la resurrección de Cristo. Es esta modelación de nuestro sufrimiento en el de Cristo la que nos ayuda a escapar de su poder destructivo. También engendra en nosotros la esperanza.
5. La reconciliación solo será completa cuando todas las cows sean reunidas en Cristo (Ef 1:10). Hasta entonces experimentamos solo una reconciliación parcial, pero vivimos en la esperanza.

 

Robert Shreiter

www.comboniane.org

Publicado: 12/04/2011

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