“En un lugar de fe cristiana enraizada, no debería haber miseria…”

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BRASIL - José Alberto Moreno, agustino recoleto y director del Proyecto Hogar Santa Mónica de los Agustinos Recoletos en Fortaleza (Ceará, Brasil), ha recordado las aplastantes cifras y estadísticas que sobre violencia a menores se han publicado en esta región brasileña.

“Son datos que dan escalofríos y llevan a pensar: ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué moralidad existe en nuestras familias y sociedad? ¿Realmente son prioritarias las políticas de defensa de los derechos de los menores? ¿Y nuestro papel, el de las ONGs, la Iglesia, la sociedad entera?”, indica.

Muchos de los casos de violencia contra niños y adolescentes de ambos sexos esperan ser investigados por las autoridades judiciales y policiales. El constante entrar y salir de personas en las comisarías de policía especialmente destinadas a este tipo de delitos denuncia el número de procesos.

La rutina de la Comisaría de Combate a la Explotación de Niños y Adolescentes (DECECA, en sus siglas en portugués) es estresante. No faltan casos de malos tratos, violencia sexual, violaciones. Una realidad muy dura para quienes con tan poco tiempo de vida sufren ya de unas marcas indelebles en el cuerpo y en el alma.

Sólo en lo que llevamos de 2013 se han abierto 298 casos investigaciones. Pero muchas encallan en el camino por falta de profesionales e investigadores. Una pequeña de nueve años llega en compañía de su tía, con los ojos llorosos y manos temblorosas. Ahora le tocará peregrinar entre despachos de inspectores que no fácilmente conseguirán abrir un espacio en sus agendas para investigar.

Durante la espera, pide no volver a casa. “Tengo miedo de que me hieran de nuevo”, dice. Ahora entrará en las estadísticas de la DECECA. Hasta septiembre de 2013 se habían presentado 2.720 denuncias, la mayoría por abuso sexual y malos tratos. Desde 2007, 4.000 procesos están parados por falta de investigadores.

En declaraciones al Diario del Nordeste, principal medio de comunicación local, Isabel Sousa, abogada e integrante del Forum de Apoyo a la Infancia y del Núcleo de Estudios Aplicados de los Derechos de la Infancia y la Juventud, indica: “El fenómeno de la violencia contra estas personas, especialmente de malos tratos incluyendo violencia física, psicológica y por negligencia, es consecuencia tanto de la acción como de la omisión de sus tutores legales referenciales: o sea, padres, madres y abuelos”.

Hacer la denuncia es fácil. La dificultad está en que no hay personal para llevar a cabo la investigación de cada caso particular. De las investigaciones que se han podido llevar a cabo este año, 176 eran por violación de menores de 12 años, 50 por lesiones corporales, 17 por abusos sexuales, 16 por explotación sexual y 11 por amenazas.

El resto de las denuncias chocan con la incapacidad de las autoridades, que cuenta solamente con seis equipos de investigación, cuando lo ideal sería tener al menos el doble. Según Sousa, “es necesario alertar por la falta de diálogo dentro de casa, de convivencia, de afecto, cariño y amor para con los hijos, que puede resolver muchos de los conflictos”.


Miseria maquillada, no eliminada

Una de las razones que llevan a esta situación es la miseria en que viven las familias. “La pobreza no se elimina, se maquilla”, dice José Alberto Moreno. “Cuanto más se esfuerzan los políticos en proclamar las excelencias de los programas de lucha contra el hambre y se les llena la boca diciendo que en Brasil ya no hay miseria y la pobreza cede, más aumenta la paradoja de un Brasil donde unos pocos ricos aseguran las manos de muchos pobres para que el sistema no explote”.

En el año 2012, uno de los programas calificados “de éxito” contra la miseria, Bolsa Familia, llegó hasta 3.800.000 habitantes del Estado de Ceará, el 44,6% de su población total. Estas ayudas se llevaron 1.600 millones de reales brasileños del presupuesto del Estado, 517 millones de euros.

“No dudo de que sean ayudas necesarias, pues el pueblo sin esos recursos realmente moriría de hambre, abatidos por enfermedades. Es un asistencialismo, sí, pero necesario porque viene a socorrer una necesidad inmediata y urgente de la población más carente. Pero son datos como para llorar. Si el programa Bolsa Familia cerrase, 3.800.000 personas irían directamente a la miseria, casi la mitad de la población”, dice José Alberto.

“Si queremos que la situación cambie, no tenemos para dónde correr. Es necesario que haya políticas de incentivo de la educación, de igualdad de oportunidades, de calificación técnica, de creación de pequeñas y medianas empresas competitivas, de reducción de una presión fiscal exagerada, no se puede dejar de lado la mejora de infraestructuras, escuelas, hospitales”.

Moreno describe una situación desesperante: “Sólo en Fortaleza hay 550 favelas. Se mueren de hambre, no tienen viviendas dignas, los proyectos de casas sociales se han acabado y quienes accedieron a casas aún no las han recibido. En nuestra parroquia de San Pedro de la Barra do Ceará, en cinco kilómetros cuadrados viven 92.000 personas sin puesto de salud, correos, banco o cajero automático, es un auténtico guetto. Aquí los términos bienestar y calidad no existen”.

José Alberto Moreno describe esta situación desde el realismo: “Los agustinos recoletos no queremos ser profetas de catástrofes y pesimismo, sino misioneros de la felicidad y de las bienaventuranzas. Sabemos que para muchas personas que viven en la miseria salir de ella es una tarea imposible. Son mujeres que llevan consigo hijos de múltiples relaciones y a veces con los hijos que otros abandonaron. No tienen casa propia y no consiguen fácilmente pagar el alquiler, agua, luz, impuestos y mantener y alimentar a la familia. Queremos ser sus aliados en esa lucha diaria por la supervivencia”.

El Centro Psicosocial San Agustín de los Agustinos Recoletos en la Barra do Ceará ayuda actualmente a 300 familias. Se han dividido en dos tipos: el tipo A recibe una cesta básica de alimentación mensual; el tipo B puede comprar alimentos a precio simbólico en el Banco de Alimentos que se ha establecido. Además, de lunes a viernes se reparte sopa reforzada que las familias llevan a sus casas, y se lleva otra sopa reforzada hasta la Duna 2, una de las áreas más pobres.

También se ha abierto un bazar de ropa donde por precios de cómo máximo 3 reales (un euro) se venden ropas en buen estado. “Fortaleza es la cuarta ciudad del mundo en desigualdad, según la ONU. Nos gustaría que hubiese muchas personas solidarias, o hasta asistencialistas, porque aquí lo que hay es una violación continuada de los derechos humanos, como ha dicho el Papa Francisco, porque la pobreza extrema y las estructuras económicas injustas y las grandes desigualdades son una violación de los derechos como el terrorismo, la represión o los asesinatos”, dice Moreno.

“En una ciudad con una fe cristiana tan enraizada, con eventos de evangelización masificados seguidos por cientos de miles de personas, no debería haber campamentos de sin tierra, niños abandonados o explotados por las calles, desnutrición… No debería haber madres que venden a sus hijos porque no los pueden mantener. ¿Dónde está la solidaridad entre hermanos, el amor exigente que no duerme, que se compromete con la injustica? También lo ha dicho el Papa: algunas personas cuidan más de sus perros que de sus hermanos”.

 

http://www.agustinosrecoletos.org

Publicado: 22/11/2013

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