Estamos en las manos de Dios

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PAKISTÁN - Llegamos a Pakistán y dimos nuestros primeros pasos en esta tierra la noche del 31 de agosto 2010. Dios siempre toma la iniciativa para hacerse cercano a nosotras y cada vez lo hace de una manera nueva. Él también había estado con nosotras durante el tiempo de preparación para la misión, vino aquí antes y nos estaba esperando.

Al día siguiente de nuestra llegada nos sentimos inquietas y angustiadas por el reciente atentado terrorista. Vimos en la TV la tragedia y las víctimas inocentes. A pesar de que sólo vimos la transmisión televisiva, nos pareció que la situación era de lo más real.

En nuestro país, Corea, nunca habíamos oído hablar de este tipo de cosas que pasan tan de cerca. La cultura, el estilo de vida, el contexto social, el entorno territorial, el tiempo etc. son muy diferentes de Corea y nos retan mucho. Es más, la situación del país, insegura e inestable, nos aportaba una mayor dificultad mientras tratábamos de adaptarnos a este país. Todos estos sentimientos los compartimos con nuestra comunidad y una hermana que había sido enviada mucho antes que nosotras nos dio un consejo: “Estamos en las manos de Dios, poned vuestra confianza en Él y seguid adelante, es lo mejor que podemos hacer”.

Esto lo comprendíamos muy bien con la mente, pero menos con nuestro corazón. Preguntábamos a las hermanas si la situación había sido siempre así. Nos dijeron que desde hace cinco años la situación iba empeorando. Cada vez se hacía más
incierta y de vez en cuando había algunos ataques con bombas. Escuchando eso y viendo la realidad que se vivía nos preguntábamos: ¿Por qué el Señor nos ha enviado aquí? Estábamos molestas y empezamos a pedir al Espíritu Santo que nos ayudara a aceptar nuestras debilidades y limitaciones y que abriera nuestros corazones. La falta de seguridad en las situaciones a las que había que enfrentarse creaba una sensación de mucha dependencia de las hermanas locales. Por ejemplo, cada vez que queríamos salir no podíamos hacerlo libremente, aunque fuera para caminar en el parque cerca del convento.

Depender todo el tiempo de los demás no es nada fácil. Por otra parte, ante esta situación pudimos contemplar la humildad de Dios; Él que es Dios, vino a nosotros como un niño, se vació de sí mismo hasta el punto de llegar a nosotros en forma de un pedazo de pan para alimentarnos. Su minoridad no le reduce, sino que le da más amor y vive en nosotros.
Tan pronto como nos dimos cuenta de ello, empezamos poco a poco a abrir nuestro corazón y aceptar las cosas que sucedían en nuestro entorno.

Al oír relatos de opresión hacia las mujeres paquistaníes y sobre el abuso de sus derechos humanos, sentimos aumentar en nosotras la ira y se hizo difícil de soportar, pero nos sentíamos impotentes. Vimos que estamos llamadas a mantener la esperanza ante esta situación. También la exigencia de la dote es un peso muy grande para las familias pobres.

Hay todavía más, una estructura social injusta, la corrupción y el trato injusto a los pobres crea una situación en la que el pobre es cada vez más pobre. Sabemos que no estamos llamadas a perder la esperanza, sino a esperar que un día quizás podremos ser llamadas por Dios a compartir con esta gente.

Estamos en la comunidad de acogida. Hay mucho trabajo en la casa y tenemos algunos empleados. Al principio el idioma urdu nos era completamente desconocido, pero empezamos a comunicar con los empleados con nuestra sonrisa y el lenguaje corporal. Poco a poco comenzaron a salir algunas expresiones y frases sencillas. Esto divertía al personal y generaba a veces mucha risa. Nuestra vida se ha simplificado y hemos descubierto el gozo de superar las cosas que no nos gustan. Todos los días nos encontramos con nuestros empleados de casa, vemos con compasión el peso tan grande de su vida.
De esta manera, con una mente sencilla y con amor en nuestros corazones, comenzamos a comprender lo que Dios quiere de nosotras.

Hay mucho que ver, aprender, escuchar, soportar y aceptar. Dentro de esta realidad, cada mañana la empezamos con una oración: 

"Estamos en las manos de Dios y en Él ponemos toda nuestra confianza. Amén."



Clara Hwang, fmm y Myriam Park, fmm

www.fmm.glauco.it

Publicado: 11/05/2012

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