“Niños especiales de Dios”

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"Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños,
porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente
el rostro de mi Padre que está en los cielos...
De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial
que se pierda uno solo de estos pequeños."
Mt 18, 10.14



La sociedad desprecia a sus "pequeños”... este fue el grito más doloroso de los 17 padres de “niños especiales” que se reunieron para medio día de Retiro en la Casa de Ejercicios y Acogida San Francisco, en Baguio. El personal de Stac Five - una agencia que proporciona atención y sesiones de terapia para niños especiales - pidió ayuda a las hermanas para facilitar dicho retiro. Esta solicitud fue presentada por Hna. Thushari Fernando, nuestra hermana de Sri Lanka, que está trabajando en estrecha colaboración con Stac Five como parte de su curso de Trabajo Social. Las Hnas. Aida Florendo y Hazel Tolentino aceptaron gustosas.

Muchos padres llegaron con sus "pequeños", a quienes orgullosamente presentaron a las hermanas. Un buen número de estos niños fueron diagnosticados con el Síndrome de Down, algunos padecen un leve o agudo Autismo y otros Parálisis cerebral. Las hermanas, asombradas contemplaban el profundo afecto y la ternura con la que los padres no perdían de vista a sus hijos. Sin embargo en sus ojos, se percibía el dolor y el sufrimiento indecibles que brotan desde una apariencia de fuerza.

A través de las historias mezcladas con lágrimas, los padres desgranaban los sufrimientos indecibles que con amor dan a los más pequeños. Hablaron de la crueldad de la sociedad, su rechazo y el aislamiento de sus hijos. Hablaron de sus propias luchas al enterarse de la condición de sus hijos, viendo su incapacidad para hacer frente a las diversas tareas en cuidado de ellos, viendo la incapacidad al estar enfermos, sin ver nada sino un futuro sombrío para sus hijos tan queridos.

Algunas hablan de sus maridos que se avergüenzan de sus hijos, no sólo en la sociedad en general, sino incluso en el corazón, donde supuestamente deberían aceptar a su familia. Los padres dicen que no comprenden... todos ellos se preguntan por qué tiene que suceder esto - por qué, entre tantos niños en el mundo, esto debe suceder a sus "pequeños".

Nosotras tampoco lo comprendemos y nos es igualmente doloroso hacer frente a una realidad para la que no hay respuesta. Pero uno de los padres - una madre - nos recordó a nuestra Madre, - que “conservaba en su corazón los sufrimientos de su hijo, no lo entendía, pero que se quedó con su hijo, incluso a los pies de la cruz”, aquella cuyo único brazo y fuerza era su fe y entrega a Dios.

Los episodios que intercambiaban unos con otros se vieron coronados por los milagros “de cada día" que habían visto en sus pequeños. Muchos de los padres se dieron cuenta de que, lejos de limitarse a dar a sus hijos y quedarse sin nada, habían recibido a cambio mayores gracias. Se reflexionó acerca de cómo, cada uno de ellos, había aprendido a ser agradecido por las cosas pequeñas: nunca han conocido la alegría de los padres cuando a su hijo le ponen una medalla de honor, pero tienen la mayor de las alegrías cuando su niño, después de varios años aprende a dar un pequeño paso, cuando la niña que vive en su propio mundo de repente se comunica y con cariño pronuncia: “¡Mamá!”.

Han aprendido a no esperar más que esto, porque en medio de la carencia y debilidad de sus hijos, hasta la mínima mejora es para ellos una muestra de la simple alegría de los hijos de Dios. De hecho, se han formado a través del valor de la paciencia y del arte de amar, sin esperar nada a cambio. Tal es el lugar de Dios que se hace aún más perceptible cuando el corazón crece en el amor, incluso a través del sufrimiento.

Hacia el final del Retiro, las hermanas invitaron a los padres a la capilla del convento a concluir la jornada con una liturgia sencilla. En sus oraciones espontáneas y sinceras, expresaron humildemente sus deseos a Dios... deseos para sus pequeños y su oración para ser fuertes ellos mismos y los padres de otros muchos que llevaban el mismo peso en su corazón.
Nosotras, las hermanas, quedamos humilladas y en silencio al escuchar a Marissa - una madre de un niño con Parálisis cerebral – que con valor y lágrimas, hizo su petición a Dios: “Señor, enséñame, enséñanos a no cuestionar tus formas ... enséñanos a confiar en tu voluntad”.

Como facilitadoras de este breve retiro, hemos planificado enseñar a estos padres a tener valor y a sembrar en ellos la fe que poseemos. Al final del día, los padres nos enseñaron a aceptación de estos niños, no sólo porque forman parte de nuestro apostolado, sino porque realmente queremos que sean parte de nuestra vida. Nos enseñaron que la valentía no se enseña, sino que es un don recibido de la mano de Dios por aquellos que han soportado el dolor, y también la voluntad de amar. Con su fe nos regalaron - la fe de aquellos cuya única esperanza es Dios. A medida que nos despedíamos de ellos, nos iban dejando este regalo, este milagro en nuestro corazón.


Hna. Hazel Tolentino, fmm

www.fmm.glauco.it

Publicado: 27/03/2012

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