La lengua de señas

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ECUADOR - En la ciudad de San Lorenzo (Esmeraldas), el Instituto de Educa¬ción Especial “NUEVOS PASOS” cumplió 10 años de vida. Con este motivo quiero felicitarlo y dar gracias a Dios por las maravillas que está haciendo en estos niños y jóvenes que de veras son especia¬les, únicos y maravillosos.

De ellos aprendí mucho y en ellos puedo contemplar el rostro de Jesucristo, todo su poder y fuerza que se manifiesta siempre en los más pequeños, los más débiles, en los que la sociedad a veces margina y olvida.

Como misionera recién llegada al Ecuador, he tenido la oportunidad de compartir un tiempo con estos niños y con un equipo de profesores y maestros excepcionales. Por eso deseo compartir algo de mi experiencia.

En nuestra congregación (Hermanas misioneras combonianas), hablamos de una espiritualidad de sanación y curación de las heridas, una espiritualidad de reconciliación que empape la vida misionera con la fuerza del carisma comboniano, para poder promover, defender y regenerar vida en las personas heridas por la opresión, la violencia o la enfermedad.

Para mí, ha sido ha sido un don grande acercarme a los niños y jóvenes sordos y aprender de ellos la lengua de señas, tan comunicativa, directa y transparente; una lengua tan cercana al tema de las heridas, porque está empapada de ese espíritu de reconciliación y sanación.

De hecho, cada persona, además de un nombre, tiene un signo que expresa una característica que la identifica; un signo con el cual los jóvenes y niños se llaman el uno al otro. En general es un rasgo que expresa una debilidad o limitación de la persona: quien es cojo, quien tiene un defecto en la vista, quien usa silla de ruedas, una cicatriz… Ese defecto entonces se transforma en un nombre de persona.

De esta forma la lengua de señas parece decir que nuestra esencia profunda, lo que más nos identifica es también nuestra debilidad, enfermedad, nuestra vida herida. Esta lengua no teme mostrarla, no la tapa, no la olvida, porque allí se esconde el misterio más bello del ser humano llamado a reflejar la imagen de Dios. Allí Dios pone su sello.

Me gustó descubrir que, para decir Jesús, con el índice de la mano izquierda se toca el centro de la mano derecha, y con el índice de la mano derecha se toca el centro de la mano izquierda. Un gesto que hace ver donde Jesús fue traspasado por los clavos, una indicación muy clara de sus heridas, de su identidad.

A los discípulos de Juan el Bautista, que dudan de él como Mesías, Jesús no responde con palabras, sino con hechos: “Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen, los muertos resucitan…”.

En el Instituto “Nuevos Pasos” somos testigos de ese actuar de Dios que cada día se manifiesta en plenitud con su amor que sana, levanta, realiza pequeñas o grandes ‘resurrecciones’… como la de Estefanía que desde unos días ha abandonado su silla de rueda y camina; como la de algunos jóvenes que no temen sus limitaciones y se donan en gratuidad en sus familias, en el instituto, con amistad.

Como la del equipo de profesores, médicos que “heridos de amor” se entregan con ternura y paciencia en la fidelidad diaria y en el don generoso de sí mismos.

Sr. Silvia

www.comboniane.org

Publicado: 23/02/2012

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