Escucha ... experiencias de vida

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Sor María Sistina, ¿con que medios llegó al Congo?
En aquella época no había avión para nosotros, los misioneros. Dejé Italia el 23 de noviembre de 1951 y llegué al Congo el primero de enero de 1952. Hice más de un mes de viaje. En primer lugar tome el barco desde Italia hasta Egipto. Después el tren hasta Jartum, en Sudan. Aquí, tome otro barco y navegué por el río Nilo, durante 12 días, hasta llegar a los confines del Sudan, donde el obispo de Wamba, Joseph Wittebols, que fue asesinado durante la guerra del 1964, vino a buscarme en automóvil para llevarme al Congo.

¿Cual fue su primera misión?
Soy una de las primeras Hermanas combonianas que dieron inicio a nuestra presencia en Congo. Mi primera misión fue Nduye, en la diócesis de Wamba,  si  bien los primeros meses los pasé en  Bafwabaka, porque la misión de Nduye no estaba todavía lista.  En Nduye, el comienzo fue dificil, porque faltaban muchas cosas, pero para nosotras, misioneras, era una alegría el haber llegado a la misión. Comenzamos las escuela y el trabajo con las mamás y las chicas. Un año después el buen Dios me llamó para abrir la nueva misión de  Maboma, también en la diócesis de Wamba. Allí, trabajé mucho con las mamás para enseñarlas a coser, a leer y a escribir. Me quedé en  Maboma hasta la guerra del 1964.

 

 

Una experiencia dura la guerra, ¿verdad?
Muy difícil. Hubo muchos misioneros que dejaron la vida en el Congo, matados por los Simbas, pero por la gracia del Buen Dios y siempre con el rosario en la mano,  el Señor nos ayudó. Los Simbas me cogieron junto con mis hermanas combonianas  para llevarnos a  Wamba y luego a Mungbère, donde nos tuvieron escondidas durante tres días. La última noche, los Simbas vinieron a decirnos que nos preparásemos por que al día siguiente vendrían a matarnos. Por la mañana escuchamos golpes de fusil y creímos que había llegado nuestra hora, pero afortunadamente era el ejercito congolés que venía a liberarnos. Hubo muertos entre los Simbas, otros huyeron. Nos llevaron a Isiro en una furgoneta, y desde allí por vía aérea llegamos a  Kinshasa. Luego, regresé a Italia.

¿Conociste a Anuarite?
Personalmente no le he conocido, porque era más joven que yo y entró en el convento después que yo. Conocí a las religiosas de su Congregación. Una de mis cohermanas que vivía en Wamba y que conoció muy bien a Anuarite, le regaló una pequeña estatua de la Virgen que  Anuarite guardó en su bolsillo en la época de su martirio.

Después de la dura experiencia de la guerra, ¿queríais regresar al Congo?
Ciertamente. Me quedé casi diez años en Italia. Algunos me decían: “Has estado muchos años en el Congo, ahora es mejor que te quedes aquí, hay también trabajo que hacer aquí. Les respondí: “No, yo quiero regresar al Congo”  y comencé a llorar y llorar. El Buen Dios me escuchó y regresé al Congo en el 1973. Fui de nuevo a Nduye, mi primera misión, para trabajar esta vez con los  pigmeos, sobre todo con las mujeres y las chicas. He amado mucho este trabajo. Más tarde me mandaron a Viadana, en la diócesis de Isiro, para trabajar en la escuela de las chicas. Allí me sorprendió la guerra en el 1996. Nos escondimos en la selva para que los soldados no vinieran a buscarnos. También allí con la oración, la ayuda de Dios y el rezo del rosario, conseguimos salir bien. Recordaos: Si queréis obtener algo del buen Dios, llamad a su madre.

¿Regresaste de nuevo a Italia?
Sí, pero no me quedé mucho tiempo. Antes de un año, regresé al Congo para quedarme en  Kinshasa. Todavía estoy aquí con toda mi alegría y con todas mis fuerzas que nos son muchas a causa de la edad. Ahora tengo 83 años. El año próximo regreso en vacaciones a Italia y no sé si regresaré. Eso está en las manos de Dios. Si El lo quiere regresaré con alegría.

Una última palabra
No hay que tener miedo. Sabiendo que el buen Dios está con nosotras, trabajamos con confianza, junto a  nuestros colegas y cohermanas. A los laicos: que no esperen que los sacerdotes y las religiosas vengan a evangelizar. Cada uno de nosotros es misionero. Debemos evangelizar con nuestras palabras y sobre todo con el ejemplo de nuestra vida.

 


www.ademis.org

www.comboniane.org

Publicado: 07/09/2011

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