Una bombona de oxígeno no es obstáculo...

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TESTIMONIOS - Durante años, los niños le ha llamado “Tío Pete”. Le conocen como el hombre que colecta almuerzos, ropa y muebles, y los lleva a barrios de ingresos bajos para ser distribuidos entre personas sin hogar y necesitados. A sus 89 años, Peter Zonsius se ha convertido en una leyenda local en su obra caritativa en los barrios difíciles de Chicago, entregando alimentos, ropa, muebles y esperanza.

Los niños que asisten a la Escuela San Juan Brebeuf en Niles, donde él trabajó como custodio durante 26 años antes de retirarse, están acostumbrados a su amistoso saludo y su práctica de recoger ropa de bebé para las mujeres pobres que están embarazadas.

Lo que quizás no saben es que “el tío” Pete Zonsius sigue llevando a cabo el trabajo de caridad que ha hecho durante 40 años, a pesar del hecho de que tiene 89 años de edad, que salió del hospital hace dos semanas por problemas respiratorios, y que tiene que utilizar una bombona de oxígeno para poder respirar.

 

Entrega de la mercancía

Esto no fue impedimento para solicitar donaciones a los residentes de Niles y llevarlas en mano a las personas en circunstancias desesperadas en el lado oeste de Chicago.

“Todavía tengo trabajo que hacer”, dijo el tío Pete el lunes, mientras visitaba a familiares y amigos en la parroquia Santa Juliana, cerca de la frontera Chicago-Niles, donde asiste con frecuencia a Misa.

Señalando su bombona de oxígeno portátil, el Tío Pete comentó: “Me dieron un “tío Pete Junior” y con él aún voy tirando.”

Este hombre de buen corazón dijo que se inspiró a hacer buenas obras después de ver el sufrimiento mientras estuvo en el Ejército, y observando a su padre ayudar a los pobres como miembro de la Sociedad San Vicente de Paúl (una organización católica dedicada a ayudar a los necesitados) y por gratitud después de que él y su esposa Bárbara adoptaran a sus dos hijos con la ayuda de Caridades Católicas.

 

Empezó a trabajar con recién nacidos

Comenzó su misericordiosa labor en el año 1965, como voluntario en Caridades Católicas, recogiendo recién nacidos de madres que no podían mantenerlos y llevándolos a hogares de acogida donde se les cuidaba hasta que eran adoptados.

“Aquél muchacho al que recogí hace años… Aún estoy en contacto con él, aún le veo y lo llamo en su cumpleaños. Ahora es estudiante de primer año en la universidad”, recuerda el tío Pete.

La hermana Catherine Madigan, Hija de la Caridad, que conoce a Zonsius desde hace años y lo animó a participar al comienzo, recuerda que una vez llevó a los estudiantes de Marillac High School, ahora cerrada y que estaba en Northfield, hasta un comedor cerca del entonces Skid Row de Chicago, para ser voluntarios. Dieron de comer sopa a unos 100 hombres y dos mujeres: una experiencia abrumadora para las suburbanas muchachas.

 

A las personas, no instituciones

El tío Pete se siente orgulloso del hecho de que no sólo lleva mercancías a los locales de caridad, sino directamente a las personas necesitadas.

“No dejo sólo las cosas en el refugio y me voy”, comenta, diciendo que da a las personas, no a instituciones. Si puede, habla con la gente.

“Se trata de estar ahí y tocar a la gente”, dijo. “La gente necesita un poco de esperanza, y significa mucho darles algo y tratarlos con humanidad”.

A tal fin, el tío Pete pide a la iglesia y los grupos escolares en Niles y Ridge Park que formen bolsas de almuerzo para las personas sin hogar. La gente también le llaman para donar ropa o muebles.

Los lleva a Madonna House, en Everett, o a refugios similares para personas que necesitan una mano amiga, o a mujeres de bajos ingresos que están esperando un hijo.

A veces, sin embargo, detecta a una persona sin hogar en un parque; entonces para su coche y hace una misión de caridad “al estilo tío Pete”, que incluye una conversación amistosa.

 

Va a barrios difíciles, pero nunca ha sido atacado

Se acerca a unos 20 lugares, en barrios de alta criminalidad, tales como Chicago North Lawndale, West Garfield Park y East Garfield Park. En 40 años, nadie le ha molestado, dice, aunque una vez alguien le rompió las ventanas de su coche y se llevó la comida que había dentro.

Algunos de los trabajos de Tío Pete tienen lugar cerca de su casa. Madigan cuenta cómo lleva flores a las viudas y viudos, y Zonsius contó que envía cartas a los padres en duelo por la pérdida de un hijo y una hija, estudiantes de St. John Brebeuf, que murieron por problemas de salud. Envía las cartas todos los años en los cumpleaños de los niños.

Tío Pete reconoce que su debilidad son los infantes, ya sean bebés, o aquellos niños en un refugio que recientemente corrieron y lo abrazaron con tanto entusiasmo que lo tumbaron en el suelo.

“Me encantan los niños,” dijo simplemente.

 

El corazón aún late

El octogenario no tiene planes de aminorar su trabajo, con o sin bombona de oxígeno.

“Dios es bueno”, dijo, abrazando a las personas que visitaba en St. Juliana. “Y aún no ha terminado conmigo”.

 

famvin.org

Publicado: 16/08/2011

 

 

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