“Todo se pasa”… Algo se queda... el amor

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06/06/2014

TESTIMONIOS - Estoy aquí sentada en una sala de hospital, acompañando a mi hermana de 40 años que se está despertando de la anestesia de una mastectomía por un tumor maligno. Hay experiencias en las que decís, al respirar profundamente: “Todo se pasa” y con qué alegría, esperanza y alivio te ayudan a darte cuenta de que es así.  Con cada una de ellas también podemos descubrir que algo bueno, positivo, noble, lindo, santo queda. Nuestro Padre diría: “Todo se pasa, menos Dios, que no se muda. Todo se pasa, menos el mérito de las buenas obras. Todo se pasa, menos los desengaños de la vida, que son continuos. Todo se pasa, todos pasamos, viajeros distraídos por este camino de la vida, sembrado de abrojos y espinas.”  

Ante la enfermedad, como la de mi hermana, la mía y la de tantos otros se agradece que pase el tiempo de pinchazos, dolores, ir de aquí para allá para miles de estudios, los efectos colaterales de medicinas y tratamientos. El pensar que esto pronto pasará da un gran consuelo y saber que queda la cercanía de los que nos acompañan, los gestos delicados de doctores y enfermeras, los avances de la ciencia, el compartir de otros pacientes, la solidaridad de tantos, todo esto da mucha fuerzas.

Las relaciones difíciles y las crisis existenciales, aquellas que nos vienen cuando vamos avanzando por las etapas de nuestra vida, también pasan y con ellas los sentimientos de vulnerabilidad, de decepción, desesperación, tristeza, angustia… Después de estas tormentas quedan la recuperación del sentido, la fortaleza, la confianza, el amor.

Ante otras realidades como las que se dan en mi país: grupos que se arman y actúan con violencia; la falta de recursos económicos o la pobreza extrema, como la de Michelle, un joven de escasos recursos, exalumno de nuestro colegio de Limpio quien hoy mismo deambuló por cuatro hospitales públicos hasta que encontró atención médica; niños sin escuelas trabajando en las calles; jóvenes metidos en la droga, políticos corruptos, mujeres golpeadas, adultos mayores sin ser atendidos en sus derechos, indígenas y campesinos sin tierra, la naturaleza destruida… nos sentimos impotentes y deseamos con todo el corazón que esto también pase. No sé si esto pasará, pero quedan los esfuerzos individuales y colectivos, pequeños y grandes por hacer un mundo más justo y fraterno y la esperanza en que el Reino continúe haciéndose presente.

Las riquezas, la fama, el prestigio, el poder también pasan. Al descender, o caer en picada, cuando se desvanecen estas experiencias va surgiendo poco a poco la certeza de lo verdadero, y nos dejan la gran enseñanza de vida: “Todo se pasa” y lo único que queda es el amor,  el ser auténtico y como decía San Enrique “¡Ojalá tantos desengaños nos moviesen a fiar y asirnos bien a Dios sólo, que no se muda!” 

El pasado también pasa, lo que viví ayer ya fue. El rencor, el resentimiento, la tristeza, la culpa pertenecen al pasado. Todo lo vivido en nuestra historia que causa estos estados de ánimo ya no está. El vivir en el hoy, que no pasa, nos da una consciencia nueva de nuestro ser y realidad más viva, más plena. El futuro todavía no llegó. Por eso es importante vivir este “hoy”, ya lo dijo Jesús: “Busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas. No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas.” (Mateo 6, 33-34)

Así es, tenemos la certeza  de que las situaciones pasan y qué bueno poder decir: “Todo se pasa” y tener gratitud también ante lo superficial, lo aparente, lo material que al esfumarse nos enseñan que todo se pasa,  menos lo importante: el amor, la solidaridad, Dios. Podemos descubrir en estas experiencias de dolor e impotencia lo que no pasa: un detalle, un gesto solidario, un acto de valentía…Hoy fui testigo de los innumerables gestos de desprendimiento, de tantas personas que se acercaron con un sobrecito diciendo: “Esto es poco, pero es con lo que puedo colaborar para los gastos de la enfermedad de Nati”, mi hermana, gesto que evoca a la pobre viuda del Evangelio. Esto no tiene precio y esto no pasa, queda.

 

Hna. Rosa Elena Cálcena,  STJ
Compañía de Santa Teresa de Jesús
www.stjteresianas.org

 

 

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