Mujeres - género, dignidad, pobreza

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“Estoy invitada(do) a darme a Jesús para entrar en la obra de liberación

de los que están humillados y oprimidos…

para encontrar las palabras y las actitudes apropiadas que les dirán

que son amados por Dios tal como son.

Estoy invitada(do) a recibir de ellos la Misericordia”.

Itinerario espiritual para hoy con San Juan Eudes Pág. 309


Yo soy moabita. Soy la viuda de Quelión, hijo de Elimelec de Belén. Ése es el nombre con que me conocen. Me llamo Rut. Noemí, mi suegra, y Orfa, mi hermana, también son viudas. Orfa y yo no hemos conocido al esposo de Noemí más que a través de su llanto y sus recuerdos. Después del fallecimiento de Quelión y Mahlón, pasamos largas noches compartiendo nuestro sufrimiento, sintiendo cada una el dolor de la otra. Cuando abrimos nuestros corazones sacamos fuerzas la una de la otra… y comenzó el consuelo… comenzó la sanación. Compartíamos lo poco que teníamos.

Noemí consideraba que Orfa y yo debíamos regresar a nuestra familia, como era la costumbre, pero nosotras no podíamos dejarla en Moab, sola y sin familia.
Entonces llegaron noticias de cosechas prósperas y abundantes en Belén, y nuestras vidas cambiaron para siempre. Noemí insistía en regresar a su tierra natal. Nos dijo que Elimelec tenía una parcela y que quizá un varón de la familia reclamaría la parcela y a ella en matrimonio. Orfa y yo nos pusimos furibundas. ¿Qué hombre querría a una vieja marchita y arrugada para cuidar de ella? ¡La tierra, sí, seguramente la querría! ¿Pero a Noemí? Ella estaría a merced de él, peor que una sirvienta; podría hacerla su esclava. Ella insistió en ir. Yo estaba inconsolable. En ese momento supe que yo nunca podría dejarla; ella era para mí una madre, una mentora; y yo había llegado a conocer a su Dios, el único misericordioso y amante Dios. Si yo emigraba con ella, quizá yo sería pedida en matrimonio, puesto que era la nuera de Elimelec. Y así, posiblemente, podría protegerla.

Orfa tenía los mismos sentimientos, pero en definitiva se quedó en Moab desconsolada. Tres viudas, dos de ellas extranjeras aun con vínculos maritales a la familia de Elimelec, podían ser demasiado. Noemí y yo nos mantuvimos unidas apoyándonos durante el largo viaje, extrañando a Orfa y sintiéndonos desprotegidas. Con firmeza y decisión pudimos rechazar ciertas insinuaciones y nos las hemos arreglado para conservar nuestras pocas pertenencias. Finalmente llegamos a Belén. Allí muchas personas saludaron a Noemí, pero ella sufrió un colapso por la fatiga y la pena lamentándose y diciendo que ella había salido de allí llena y pudiente y ahora volvía vacía e indigente. Yo resolví ir al día siguiente a recoger espigas detrás de los cosechadores de cebada.

Las criadas notaron inmediatamente que yo llevaba vestimenta diferente. Comenzaron a hostigarme gritando injurias racistas, pero yo fingí no oírlas. Tenía miedo de que, si les respondía, ellas reconocieran mi acento. Se calmaron cuando el propietario de ese terreno se quedó mirándome. Yo podía sentir su mirada. Bajé la cabeza y trabajé más rápido. ¿Qué tal si no me permitía espigar aquí? Vi su sombra adelantarse a mí, y luego él me habló… amablemente. Me dijo que espigara solamente en sus terrenos. Ordenó a sus hombres que no me hicieran daño y que me permitieran beber libremente de las vasijas que ellos llenaron. Abrumada, me postré a sus pies. Yo era una extranjera recibiendo su favor. Él se llamaba Booz; conocía a Noemí y ya sabía de mí. Me colmó de bendiciones. Hasta me invitó a compartir su almuerzo. Ese día espigué una efa, casi una fanega, de cebada. Incluso la bolsa de cebada se sentía liviana mientras me apresuraba a llegar a la casa al encuentro de Noemí cantando en mi corazón:


Bendito es el Dios de Israel, quien me ha demostrado su favor.
Este Dios es más grande que todos los  dioses,
un Dios de generosidad y misericordia.
En vez de no recibir nada, he recibido abundancia.
Dios ha oído mi  oración.
Bendeciré al Dios de Noemí por siempre.
¡Santo es el nombre de este Dios!



Noemí quiso saber cada detalle de mi jornada. Se puso eufórica y cantó el cántico de mi corazón. Booz era un pariente, un hombre justo que me aceptó con honor y dignidad. Me recibió como a una igual. Noemí me enseñó cómo presentarme a Booz esa noche. Ella sabía que al amanecer, él iría a las puertas de la ciudad a reclamar la herencia de Elimelec, conmigo la viuda de su hijo Quelión para su esposa. Y así ocurrió, justo como Noemí lo predijo. Obed fue nuestro primogénito.

Ésta es mi historia, una historia de relaciones, empoderamiento y transformación. Reflexiona y comparte conmigo:


Rut fue una víctima de su género y su nacionalidad, una emigrante. Ella no tenía estatus, no tenía derechos, estaba indefensa, sin un compañero varón. Pobre y vulnerable, Rut era una mujer en riesgo hasta que Booz intervino. La historia de Rut termina bien. Para muchas otras como ella, no es así. Se calcula que un impresionante número de 12.3 millones de personas se encuentran en condición de esclavitud. 80% son mujeres y 50% son menores.

Los problemas de derechos humanos relacionados con el género, pobreza, migración forzosa, discriminación y educación, exponen a las mujeres al riesgo de ser presas de los traficantes.

La 55ª sesión de la Comisión sobre la Situación Jurídica y Social de la Mujer tendrá lugar en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York desde el lunes 27 de febrero hasta el viernes 9 de marzo de 2012. El tema será el empoderamiento de las mujeres rurales y su rol en la erradicación de la pobreza y del hambre, el desarrollo y los actuales desafíos, y el financiamiento para la igualdad de géneros y el empoderamiento de las mujeres.



Carol Pregno NSC
Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad
Provincia de Estados Unidos

www.buonpastoreint.org

Publicado: 01/02/2012

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