Como nosotros perdonamos …

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ESPIRITUALIDAD -Cuaresma, es el tiempo en que podemos encontrar el justo vigor en el camino que nos conduce a la Pascua. La Palabra de Dios, la caridad y los gestos concretos de conversión son instrumentos que nos ayudan. El rito de la imposición de la ceniza comunica una invitación clara y precisa “convertíos y creed en el Evangelio”. Una palabra a tomar en consideración en estos primeros días es la palabra Perdón.

Inmediatamente después de haber pronunciado aquellas palabras sabía que me había equivocado. Pienso de nuevo en las palabras de Jesús: “Si tú presentas tu oferta en el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu don delante del altar, ves antes a reconciliarte con tu hermano”, he ido a buscar a sor X para excusarme. Ha respondido sin dudar: “¡Oh!, he olvidado todo. No soy el tipo que guarde rencor”. Fui a dormir en paz, contenta de estar dispuesta a continuar con una amistad querida por mí. Pero, desde el día siguiente, ya no me ha dirigido una palabra.

Esta ocasión y otras en las que he pedido perdón o donde he perdonado, me han hecho pensar en la historia de Mamá Margarita y en su hijastro a menudo caprichoso, Antonio. En particular he recordado el episodio en el que Antonio había discutido con sus hermanos, y Mamá Margarita había intentado restablecer la paz. “Más tarde aquella noche, como era de costumbre, recitaron el Padrenuestro. Pero a las palabras: Perdónanos nuestras deudas como nosotros personamos a nuestros deudores, Mamá Margarita suspendía las oraciones y dirigiéndose a Antonio dice: - Deja las palabras: Perdónanos nuestras deudas ; estas palabras no las debes decir tú. – Pero ¿cómo? Si están en el Padre – Y, sin embargo tú no debes decirlas… ¿Con qué valor osarás tú pronunciarlas, mientras no quieres perdonar a los compañeros, mientras alimentas hastío hacia ellos… Y cómo esperas que el Señor te perdone, si tú tan obstinadamente niegas el perdón a los demás?”.

En un cierto sentido, perdonar es participar en un acto divino, que conduce a la reconciliación. Lo afirma la Escritura : Quién puede perdonar los pecados, sino Dios sólo. El verdadero perdón es un acto vivificante. Recordemos la historia del paralítico llevado por Jesús, por sus amigos, para ser curado. Viendo su fe, Jesús dice al paralítico: “Hijo tus pecados te son perdonados”. Este acto amable de perdón por parte de Jesús hace revivir al hombre, y para demostrarlo, dice aún: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Otro ejemplo de perdón gratuito y vivificante se encuentra en la parábola del padre amable que acoge de nuevo a su hijo. El Padre Enzo Bianchi escribe: “El perdón no es olvidar sino dar confianza. (…) El perdón no borra la culpa pero es el reconocimiento de que la persona es más grande que el mal que ha hecho (…y) ofrecer a quien ha cometido un delito un camino de salida para no ser identificado con la propia culpa y volver a empezar una vida con dignidad”.

Perdonar anima el proceso de curación que no será completo si no perdonamos de todo corazón a aquellos que nos han herido. El truco es enfocar más sobre como ayudar a la otra a “curar”, más bien que concentrarse en nosotros mismos. Esto alienta un aspecto profundo del perdón. En la Cruz , Jesús nos enseña qué quiere decir perdonar de verdad: perder la propia vida.

En el volumen Las siete palabras de Jesús en la cruz, Ana María Cànopi, OSB, recuerda, “El Calvario, (…) en fuerza de este amor ‘más grande' empujado hacia el extremo don de sí, se transforma en el monte (…) del perdón (…).Y la primera palabra que oímos de Él en la cruz es perdón, es decir “para - don”, don al superlativo, don de aquel amor que le ha empujado allí: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

La mayor parte de nosotros no seremos llamados al martirio físico, pero todos estamos llamados a un martirio del ego . Quizás es esto lo que entendía Juan en su primera carta: “En esto hemos conocido el amor, en el hecho que Él ha dado su vida por nosotros: por lo tanto también nosotros hemos de dar la vida por los hermanos”. Es la muerte de sí en la cruz de nuestro ego, amando a los otros más de cuanto amamos a nosotros mismos, que nos permite perdonar con todo nuestro ser, como Jesús. Nosotros mismos nos vaciamos de nosotros mismos, y dejamos que surja la naturaleza divina de Dios. Bianchi dice: “Es una actitud constructiva, que lleva a evitar el rencor y renunciar a la venganza”.

Hablando de su comunidad en el espectáculo El mejor de los amigos, Laurentia McLachlan, OSB dice que el milagro no es que muchas hermanas pudieran vivir juntas, sino que nunca habían tenido un homicidio. Es cosa formidable, ¡el perdón! Justamente ha dicho Nelson Mandela: “El perdón libera al alma, borra el miedo. Por esto es un arma tan potente ”. Vivir en comunidad lleva su cuota de incomprensiones y choques, pero lo importante es no perder las relaciones. ¿La clave? El perdón y la empatía cada día. Es un don que podemos darnos mutuamente. Si somos fieles a nuestras prácticas de piedad salesianas, rezamos al menos 8 veces en el curso de la jornada, la oración que Jesús nos ha enseñado, la oración que nos recuerda que somos hijos del mismo Padre. Al menos 8 veces al día, pedimos a nuestro Padre que nos perdone como nosotros perdonamos. Sólo de esta manera se puede “volver a iniciar cada relación que parece apagarse”.

 

 

 

Lucy Roces

www.cgfmanet.org

Publicado: 10/03/2011

 

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