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Papa: La vocación de consagración ‘promesa de un nuevo comienzo para Colombia’

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13/09/2017

Pope-to-priests-MedellinMENSAJES - En el Centro Macarena de Medellín, el Papa Francisco se encuentra con miles de sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y familias de seminaristas. Muchos jóvenes han descubierto su vocación en situaciones de violencia. Los testimonios de un sacerdote, de una carmelita, de la madre de un seminarista. El optimismo hacia los jóvenes y la importancia de tener "comunidades con fervor apostólico contagioso, que entusiasma y atrae". Permanezcan en Cristo de pie junto al pueblo, en oración y en estudio, en alegría.

 "Ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atrás diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y paz, de encuentro y solidaridad": es la esperanza y la bendición del Papa Francisco para todas las vocaciones de consagración, al final de su encuentro en el Centro de Eventos "La Macarena" de Medellín, ayer por la tarde. Estaban presentes miles de sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y sus familias. Al escenario, donde domina un gran icono de Cristo bendiciente, también fueron traídas las reliquias de la Madre Laura Montoya, primera santa colombiana canonizada por el Papa Francisco el 12 de mayo de 2013.

El Papa quiso centrarse en el personal consagrado para la reconstrucción del país. En Colombia, sobre unos 48,6 millones de habitantes, 71% católicos, hay 7624 sacerdotes, 4513 religiosos, 16083 religiosas (3897 solamente en Medellín): un número enorme, teniendo en cuenta que los habitantes han vivido durante más de 50 años una situación de guerra y corrupción. Sin embargo, esta misma situación de violencia parece haber llevado a muchos jóvenes a la vocación sacerdotal o religiosa. Lo muestran los testimonios que precedieron al discurso del pontífice: los de un sacerdote, p. Juan Felipe Escobar Escobar, una monja de clausura, la carmelita Leidy de San José, y una madre que tiene un hijo seminarista, la señora María Isabel Pérez Arboleda.

En particular, p. Juan Felipe, con 12 años de sacerdocio, dijo que quería ser médico, pero después de ver la situación y el dolor de su gente se preguntaba: "¿Qué puedo hacer yo por mi pueblo? Así nació mi vocación: Dios me llamó a sanar y ser un pastor de almas".

En su discurso, el Papa destacó "en qué contextos se generarán los frutos de las vocaciones de especial consagración": no sólo las "familias sostenidas por un amor fuerte y pleno de valores”, sino también marcada por "un camino de sufrimiento y sangre." "Dios manifiesta su cercanía y su elección; Él cambia el curso de los acontecimientos al llamar a hombres y mujeres en la fragilidad de la historia personal y comunitaria. No tengamos miedo, en esa tierra compleja Dios siempre ha hecho el milagro de generar buenos racimos, como las arepas al desayuno. ¡Que no falten vocaciones en ninguna comunidad, en ninguna familia de Medellín!"

El optimismo del Papa se dirige también a los jóvenes. "Muchos de ustedes, jóvenes, habrán descubierto este Jesús vivo en sus comunidades; comunidades de un fervor apostólico contagioso, que entusiasman y suscitan atracción. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas; la vida fraterna y fervorosa de la comunidad es la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 107). Los jóvenes son naturalmente inquietos y, si bien asistimos a una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Cuando lo hacen captados por Jesús, sintiéndose parte de la comunidad, se convierten en «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra (cf. ibíd., 107)."

Francisco advierte contra el vivir la vocación en una mentira: "Somos pueblo elegido para la verdad, y nuestro llamado tiene que ser en la verdad… Las vocaciones de especial consagración mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilidad personal y de promoción social, cuando la motivación es «subir de categoría», apegarse a intereses materiales, que llega incluso a la torpeza del afán de lucro…. «No se puede servir a Dios y al dinero» (Mt 6,21.24), no podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales."

Refiriéndose a la lectura del Evangelio proclamado, el de la vid y los sarmientos en San Juan, dice que para "seguir fielmente la llamada del Señor" y "dar mucho fruto", se debe "permanecer en Él." Y da tres indicaciones de "caminos" para "hacer esto efectivo".

El primero es "tocando la humanidad de Cristo: Con la mirada y los sentimientos de Jesús, que contempla la realidad no como juez, sino como buen samaritano; que reconoce los valores del pueblo con el que camina, así como sus heridas y pecados; que descubre el sufrimiento callado y se conmueve ante las necesidades de las personas, sobre todo cuando estas se ven avasalladas por la injusticia, la pobreza indigna, la indiferencia, o por la perversa acción de la corrupción y la violencia."

El segundo es "contemplando su divinidad". El Papa insta a las personas consagradas a "estudiar" y citando a San Agustín, dice que "no se puede amar a lo que no se conoce". Esto implica "el encuentro con la Sagrada Escritura, especialmente el Evangelio, donde Cristo nos habla, revela su amor incondicional al Padre, contagia la alegría que fluye de la obediencia a su voluntad y servicio a nuestros hermanos".

El estudio nos ayuda a "ser capaces de interpretar la realidad con los ojos de Dios"; nos mueve a la oración, que "nos libera del lastre de la mundanidad" y "quita la tendencia a centrarnos en nosotros mismos, ocultos en una vana experiencia religiosa". Junto con la oración, necesitamos "aprender a adorar en silencio" y ser " hombres y mujeres reconciliados para reconciliar", conscientes de ser pecadores, pero también seguros de que "Él nunca nos abandonará en el camino. Dios hace todo para evitar que el pecado nos sobrepase y cierre las puertas de nuestras vidas a un futuro de esperanza y alegría".

“Finalmente, hay que permanecer en Cristo para vivir en la alegría: Si permanecemos en Él, su alegría estará en nosotros. No seremos discípulos tristes y apóstoles amargados. Al contrario, reflejaremos y portaremos la alegría verdadera, el gozo pleno que nadie nos podrá quitar, difundiremos la esperanza de vida nueva que Cristo nos ha traído. El llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegría. Dios no nos quiere sumidos en la tristeza y el cansancio que vienen de las actividades mal vividas, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestras fatigas. Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios. Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando trasparentamos la alegría del encuentro con Él."

"El Señor - concluyó - ha vuelto su mirada a Colombia: tú eres un signo de este amor de predilección. Tenemos que ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atrás diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y paz, de encuentro y solidaridad."

Fuente: asianews.it

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