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Fernando Prado, CMF: “Francisco ha rehabilitado la vida consagrada”

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 0710/2015

ENTREVISTA - Acaba de publicar un libro sobre la Teología de la misión y la vida consagrada bajo el título "Testigos del Evangelio". Se trata de un libro perteneciente a la colección "Curso Breve", una de las apuestas formativas que está llevando adelante la editorial claretiana en este Año especial de la vida consagrada. Entrevistamos a una de las personas que se dedica a animar desde la docencia y la labor editorial la vida consagrada en nuestro país.

P. Fernando, el papa Francisco convocó un Año especial para la Vida Consagrada, hoy, además del encuentro de la vida consagrada en Madrid, comienza un Sínodo sobre la familia; por otro lado, ya tenemos a las puertas, en el mes de diciembre, el año jubilar dedicado a la misericordia... ¿no está quedando el año de la vida consagrada, que terminará en febrero próximo, un tanto escondido en medio de otros acontecimientos mundiales y eclesiales?

El Papa no maneja la agenda del mundo. El mundo, bien lo sabes, tiene sus noticias y su ritmo. La realidad siempre va por delante. La Iglesia propone, Dios dispone, aunque la agenda del Papa está teniendo una inmensa repercusión a nivel mundial. La verdad es que vivimos en un mundo trepidante en el que los acontecimientos se suceden y se solapan. En España tenemos otras realidades sociales que se sobreponen también a los acontecimientos eclesiales que has mencionado. Tenemos ya a la vista unas elecciones generales, acabamos de vivir unas importantes elecciones para el parlamento catalán con un especial significado, están los refugiados de Siria llamando a nuestra puerta... En la Iglesia, el Año de la vida consagrada sigue su camino a nivel mundial y también a nivel local. Acaba de haber un gran encuentro en Roma para jóvenes consagrados y hoy, precisamente, está teniendo lugar en una parroquia de Madrid el nutrido e interesante encuentro nacional organizado por la CEE, la CONFER y otras instituciones que aglutinan a la vida consagrada. Se han celebrado otros importantes encuentros en España, como la Semana Nacional de Vida Religiosa de la que os hicisteis mucho eco los medios de comunicación. Se puede decir que la vida consagrada en España se ha activado bastante y está celebrando el evento con intensidad. Además de todas esas realidades nacionales e internacionales, en España ha coincidido también con un año Teresiano. Sí, los acontecimientos se solapan unos a otros, ciertamente, como era de esperar. El mundo no se para. La Iglesia tampoco. Nosotros, desde la editorial, seguimos publicando libros importantes e interesantes, tal y como habíamos programado para este año especial, estamos haciendo, si cabe, un mayor esfuerzo, pues creemos que era oportuno, dada nuestra especialización. Creemos que las propuestas editoriales que estamos haciendo quedarán no solo para recordar, sino como obras que servirán para la formación y la reflexión de las personas consagradas de ahora y también de futuras generaciones. En general, este año está siendo un año muy especial, sobre todo para nosotros, las personas consagradas en general, aunque no era esa la intención únicamente.


¿A qué te refieres con que no era esa solamente la intención?
Pues me refiero a que la intención del año de la vida consagrada no era que la celebráramos solo los religiosos, sino que fuera, como dijo el Papa en su carta apostólica, algo que afectara no sólo a las personas consagradas, sino a toda la Iglesia. La carta se dirigía, según palabras del propio Papa Francisco, a "todo el pueblo cristiano". Por desgracia, me da la impresión de que el Año de la vida consagrada, más allá de los círculos de influencia de la vida consagrada, no ha acabado de llegar al pueblo de Dios como hubiera sido deseable. Al menos, así me lo parece. A lo largo de este año, en nuestro país se han hecho muchas cosas e incluso en muchas diócesis se ha tenido en cuenta este acontecimiento en los discursos de los pastores y en algunas actividades diocesanas. Sin embargo, se hace difícil encontrar un solo cartel en los tableros de las parroquias en referencia a este importante acontecimiento al que ha sido llamado "todo el pueblo cristiano". Las razones de que esto haya quedado así se me escapan, pues no corresponde solo a los religiosos el poner en valor lo que significa esta forma de vida en la Iglesia. Con todo, lo importante ya está cumplido: la propia declaración del año de la vida consagrada y el hecho de que el propio Francisco sea una persona consagrada creo que ya pone en valor suficientemente lo que es esta peculiar forma de seguir a Jesús.

¿Sabes si en otros países y en otras latitudes está sucediendo lo mismo? ¿El hecho de que Francisco sea religioso, crees que hace que la vida consagrada sea más valorada?
Creo que todavía va a costar que en algunos países que la vida consagrada salga de esa especie de lugar en el que pareciera que no se sabe muy bien qué hacer con ella. La vida religiosa ha sido comprendida en otros momentos de la historia (no siempre) como algo aparte, como formando parte de un lugar de especial santidad casi inalcanzable y, por tanto, lejana al resto del pueblo de Dios. En un tiempo no muy remoto, parecía que solo existían los pastores y el laicado. Sin embargo, desde el Vaticano II, cumplimos ya cincuenta años de postconcilio, la Iglesia viene insistiendo en que la vida consagrada pertenece de forma indiscutible al pueblo de Dios, a su vida, a su misión y a su santidad. En este tiempo postconciliar ha habido vaivenes y muchos pastores han ido tomando mayor conciencia también de que esto es así. Sin embargo, falta camino por recorrer. El papa también lo ha constatado en sus pronunciamientos. Todavía el pueblo de Dios, muchos religiosos y pastores, obispos y sacerdotes incluidos, tienen que seguir caminando en esta comprensión más integral del ser de la Iglesia. Creo que Francisco, en la línea de sus antecesores, le ha dado un empujón definitivo a todo esto. El papa Francisco, no sin intención, permíteme la expresión, "ha rehabilitado" a la vida consagrada. En el poco tiempo que lleva en su pontificado Francisco está poniendo nuevamente en valor, de una forma especial, la vida consagrada en la Iglesia, devolviéndola al lugar que nunca debió perder, si cabe decirlo así. Esa expresión de la "rehabilitación de la vida consagrada" por parte del Papa, no es mía. Es algo que ha dicho y ha escrito por ahí el carmelita Bruno Secondin que, por cierto, ha guiado los ejercicios espirituales al Papa y a la curia en la última cuaresma. Digamos, sin más, que el papa Francisco ha puesto claramente en valor lo que ha de ser esta forma de vida. Eso sí, no ha dejado de poner el listón muy alto a lo que la propia Iglesia espera de la vida consagrada. Muchos mensajes de Francisco a la vida consagrada son, aun desde el cariño, especialmente exigentes y desafiantes para una vida consagrada que también tiene que espabilar y ponerse, con toda la Iglesia, "en salida".

En otras latitudes, que preguntabas, tengo la ligera impresión de que sucede algo similar. No sé valorar porque no tengo datos precisos. Sin embargo algo sí se observa. Llama la atención, por ejemplo, que en este reciente viaje apostólico a Estados Unidos el propio Papa ha querido decir por tres veces lo importantes que son las religiosas de aquel país y lo mucho que las quiere. Frente a discursos que las ponían en cuestión, el Papa antes de ir les envió un video diciéndoles expresamente que las quería mucho; una vez allí, en la catedral de Nueva York, les habló ante los obispos de lo importantes y valoradas que son por lo que han hecho y hacen por la sociedad norteamericana, invitándolas a que sigan ese camino. Finalmente, en el viaje de vuelta, ya en el avión, volvió a repetirles por tercera vez que las quiere mucho. Algunos quizá esperaban algún reproche; el Papa, sin embargo, ha empleado con ellas palabras de estima, cercanía y consideración, sin dejar de proponerles el exigente ideal de vida que representan. No sé si la palabra "rehabilitación" es la más correcta pero, sinceramente, se hace difícil negar que hay, cuanto menos una "revalorización".

Todavía quedan unos meses para concluir este año especial. ¿Se puede esperar algo más del año de la vida consagrada?
Un amigo editor italiano me dijo hace ya cinco meses que "el anno della vita consacrata è morto" y que ahora había que centrarse en la familia y en la misericordia. Yo creo que, ciertamente, sucede lo que hemos comentado. El año de la misericordia pisará fuerte en la Iglesia y la vida consagrada se integrará también en ello perfectamente. Celebrar ambas cosas, año especial y jubileo, no es incompatible, sino todo lo contrario. Con todo, todavía quedan algunos eventos locales e importantes congresos a nivel internacional del que sin duda tendremos mucho fruto. Lo importante será lo que quede después de todo esto. Mirando los objetivos que se habían propuesto para la celebración: mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrirse al futuro con esperanza, creo que podemos decir que están siendo sobradamente cumplidos. Sin menoscabo de esa crítica por mi parte a lo que considero una esperable mayor repercusión eclesial, no puedo sino decir que para las personas consagradas en general, este año especial celebrativo está siendo intenso, rico y lleno de buenos frutos. Ojala que esos frutos, que son portadores de semilla de nueva planta, sean muy fecundos para la iglesia universal y para las iglesias locales. Por mi parte no puedo decir ni esperar más.

Fuente: periodistadigital.com, 03/10/2015

 

 

 

 

 

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