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Atrapadas entre dos mundos – Argentina

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25/06/2015

indigeTESTIMONIOS - Llegaron al norte de Argentina en la década de 1980, en un momento de cambio y de esperanza para un país que estaba cansado de una dictadura militar.Deseando probar algo nuevo, las religiosas católicas evitaron el paternalismo y optaron por las comunidades indígenas de esta región, a menudo descuidada, para acompañarles en su reconocimiento, justicia y mejoras concretas en la vida el día a día.

 
Hoy día están todavía trabajando en su misión, luchando cuestionándose sobre su rol en una nueva época de cambios rápidos; y a veces las hermanas se cuestionan si su trabajo sigue siendo oportuno. “Ha sido una gracia vivir aquí y hemos sido aceptadas. La gente tiene confianza en nosotras” dijo la Hna. Norma Chiappe de 59 años, miembro de las Franciscanas Misioneras de María. Pero los cambios que se están dando en la sociedad argentina, incluido lo que abarca la sociedad de consumo, como dice Hna. Chiappe y otras, son preocupantes, “peligrosas” cree ella.
 
No todos están de acuerdo con la Hna. Chiappe, y ahí radica la historia de una invasión en el Gran Chaco, el bosque seco más grande del mundo, una zona dos veces el tamaño de California, que se extiende por tres países: Bolivia, Paraguay y Argentina.
En esa región viven más de dos docenas de grupos indígenas, incluidos los vecinos de Hna. Chiappe, los Wichi.
 
Recientemente, las comunidades indígenas de Chaco, como los Wichi, han recuperado el acceso permanente a la tierra ancestral, perdida durante siglos de desplazamientos, de explotación y genocidio. Los casos legales han tenido éxito, les han dado el título de la tierra a los grupos étnicos, que fue utilizada por sus antepasados para la caza y la cosecha. Un ganador: Lote 75, una pequeña comunidad donde recientemente los residentes han recibido el título legal de unas 860 hectáreas de terreno.
 
Tales victorias ahora hacen del Chaco un lugar de reajuste de cuentas y de realineación. Pero los grupos indígenas también encuentran a sus nuevos vecinos, los representantes de la economía mundial: las compañías navieras de madera de soja y otros recursos que van a Asia y a Europa. Y sus tierras ancestrales no siempre están en buena forma – el suelo denudado, las prácticas agrícolas y el pastoreo de ganado pobre; el desgaste notorio del cambio climático han hecho mella en esta tierra a menudo mísera.
 
Afortunadamente, Lote 75, una pequeña comunidad de unos pocos cientos de personas, en las afueras de la ciudad argentina norteña de Embarcación (24.000 habitantes) se ve relativamente en buena forma. Aunque Embarcación se encuentra al final de una línea de ferrocarril, que una vez se extendía desde la Capital Buenos Aires hasta el norte de caña de azúcar del país, Lote 75 está sombreada por una arboleda, muchas viviendas, como la de las hermanas tienen unos huertos impresionantes.
 
Aquí viven unas 550 personas - cerca de 120 familias en total - y muchos residentes se ganan la vida con el trabajo de temporada en las fincas agrícolas; algunas mujeres trabajan en el servicio doméstico y también hacen trabajos de artesanía. Lo de la artesanía fue originalmente una iniciativa organizada por las hermanas. Las verduras de la huerta, así como algunas cabras y cerdos se crían principalmente para el consumo familiar, pero algunos también se venden en Embarcación.
 
Recientemente durante la cena, las Hnas. Chiappe y Regina Piccoli de 72 años, las dos religiosas del mismo Instituto y las dos provenientes de familias ítalo-argentinas, recordaron cómo era la vida en este lugar a principios de 1980. “Horriblemente católica”, lo que había antes, así lo describe Hna. Chiappe. Era un lugar donde la Iglesia en gran medida no puso en cuestión un orden social, en el que los propietarios de plantaciones de caña de azúcar dominaban sobre muchos de ellos. En su trabajo pastoral la Iglesia tendía a trabajar en una forma paternalista, describió.
 
En el pasado las religiosas permanecían en sus conventos “tan lejos de la gente”, dijo la Hna. Chiappe, “fue un error lo de vivir tan lejos de la gente”. – El Instituto de las Hermanas ha estado en la región desde 1930. Las cosas comenzaron a cambiar entre 1970-1980, cuando la teología de la liberación comenzó a tomar incremento en Argentina, pero incluso entonces, los principales bloques de la Iglesia todavía apoyaron a la dictadura militar. La junta se mantuvo en el poder hasta las consecuencias de la Guerra de las Malvinas en 1982 que ayudó a derrocarla. (En la Argentina esta guerra está referenciada al nombre español de la disputa de las Malvinas).
 
Mientras que las dos hermanas a través de los años han tenido envíos intermitentes en otros lugares, su corazón siempre ha permanecido aquí. Se sienten mayormente afirmadas por la diócesis local, que ha mantenido una postura firme en el ministerio pro-indígena. “Los sacerdotes no han tratado de interferir en nosotras, dijo la Hna. Píccoli, “Hemos sentido el apoyo”.
 
Tal vez. Pero las dos hermanas dijeron que en alguna ocasión habían sentido el frío helador de falta de respeto de sus colegas varones, los hombres todavía tienden a dominar las situaciones, dijeron. Ambas son muy conscientes de que son una jerarquía basada en el género. “Las monjas son la mano de obra barata de la Iglesia” dijo Hna. Chiappe. “Trabajamos por poco dinero”.
 
La Hna. Chiappe es la más franca y obstinada de las dos, lleva alrededor del cuello una bufanda con estilo, que le da un poco el corte de una figura elegante. Cuando un periodista le bromeó acerca de ser sobre todo una buena observadora de las cosas y de las personas, replicó: “Soy una monja”. La Hna. Piccoli es más retraída y sencilla y parece disfrutar entreteniéndose en el jardín.
 
El enfoque específico del ministerio de las hermanas - vivir dentro y con una comunidad indígena - y el cambio general de actitud de la iglesia institucional hacia el indígena – no para hacerse querer por el propietario de una finca de azúcar. Tal como lo describe la Hna. Chiappe, el hombre “no quería el cambio; pensaba que Dios quiso que fueran pobres para que pudieran trabajar en su finca”.
 
Más tarde, elaboró un poco esta descripción: “Hay dos Iglesias: la Iglesia oficial, la Iglesia verdadera, pero hay una iglesia material que responde a las necesidades de las personas. Esa Iglesia interactúa con la gente”.
 
Un país que ha dado un Papa muy popular (muy querido por las hermanas) así como gigantes literarios como Jorge Luis Borges y varios ganadores del Premio Nobel en otros campos, también ha tenido que lidiar con el legado de una dictadura militar, enfrentándose a modelos económicos y que se cuestiona sobre cómo llegar a desarrollar en un país “moderno”.
 
Al igual que Estados Unidos en el año 1900 hace más de un siglo, Argentina era el destino para los inmigrantes europeos, italianos, en particular. La inmigración ha forjado cambios considerables, y casi se dieron de la noche a la mañana. Lo que surgió fue una identidad nacional que se enorgulleció de ser un país moderno y dinámico. Pero lo que el historiador Julio Djenderedjian llama la “apariencia de modernidad” repentina oculta “continuidades significativas” en un orden social y económico desigual. “El progreso no ha venido por igual para todos, ni les afecta con la misma intensidad”, escribe.
 
Este es un eufemismo, visto a través de la lente de las comunidades indígenas que casi se extinguieron en conquistas genocidas, como la llamada “conquista del desierto” de finales de 1870. La “moderación” que siguió echó a los indígenas como ciudadanos de segunda clase, un legado que ha continuado. Un ejemplo revelador: tasa nacional de analfabetismo de Argentina es de 2,6 por ciento. Pero entre los indígenas, es casi 10 veces esa cantidad, el 20 por ciento. El líder indígena del Chaco Francisco Pérez, que ha pasado décadas luchando por los derechos de la tierra, lo expresó así: “‘Civilizarlos’ sigue siendo el modo de pensar aquí”, dijo.
 
Este es el entorno en el que las Hnas. Chiappe, Piccoli y otros han trabajado. Describen sus primeros años, como buenos tiempos fructíferos, cuando se enfrentaron a los problemas como la educación, la enseñanza en los dos idiomas (indígena y español), al desarrollo de la formación en artesanía y carpintería y a llevar el agua potable a la comunidad.
 
Debido a la fuerte presencia de los misioneros anglicanos, las hermanas acordaron que su trabajo no iba a requerir una parroquia católica en la comunidad. A través de los años las hermanas han asistido a las liturgias anglicanas, y también regularmente asistían a Misa en la iglesia católica más cercana. "Nos hemos mantenido fieles al acuerdo original. Es una comunidad cristiana. Ellos creen en Jesús, nosotras creemos en Jesús ", dijo Hna. Chiappe.
 
Las hermanas pueden decir que han tenido éxito en una serie de ámbitos, como la educación, donde los niños ahora han superado el tercer grado. Ciertamente, el hecho de que la comunidad tiene ahora derecho a la tierra es una gran victoria.
 
Fuente: FMM
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