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«La Civiltà Cattolica» dedica un número a la encíclica «verde» de Papa Francisco

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16/06/2015

REFLEXIONES - El último número de “La Civiltà Cattolica”, la histórica revista de los jesuitas italianos, estará dedicado por completo a los temas principales de la próxima encíclica de Papa Francisco: desde la salvaguardia de la Creación hasta la crisis ecológica planetaria y sus consecuencias difícilmente previsibles. Pero en los diferentes artículos del próximo numero también encuentran espacio las posibles respuestas virtuosas que los pueblos, los gobiernos, la Iglesia, las demás religiones y los individuos en general pueden dar, con sus comportamientos, para construir un nuevo equilibrio entre todos los seres vivos. Está en juego no solo solo el cambio climático, sino mucho más: la relación entre «la ecología y el destino humano». Hay muchas referencias científicas y datos macroeconómicos en los diferentes textos del “número verde” de “La Civiltà Cattolica”, y todos ellos van acompañados de reflexiones de naturaleza teológica, espiritual, sobre la necesidad del diálogo interreligioso en este terreno, en particular con el hebraísmo y el islam; van acompañados también de reflexiones sobre el magisterio de los últimos Pontífices (desde Pablo VI hasta Francisco) y sobre la discusión que se lleva a cabo al respecto dentro de la Iglesia. Una fuerte conexión entre razón y fe.
 
Se alude también a la importancia del texto que será publicado el próximo 18 de junio por Papa Francisco (“Laudato si’) en el ámbito de un debate internacional sobre los problemas ambientales que en este 2015 vivirá algunas etapas cruciales. Por ejemplo, se recuerda el reciente diálogo entre el Secretario general de las Naciones Unidas, Ban ki-Moon, y el Pontífice en vista de la próxima conferencia mundial sobre el clima que se llevará a cabo en París en diciembre. De esta importante reunión deberían surgir acuerdos que, se espera, impulsen el plan para salvar el ambiente y reducir el cambio climático a nivel global.
 
El texto que abre el número, titulado “Custodiar toda la Creación”, recuerda que 2015 es un año decisivo: «en el mes de julio, las naciones se reunirán para la III Conferencia Internacional sobre el financiamiento del desarrollo, en Addis Abeba. En el mes de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas debería encontrar un acuerdo sobre una nueva serie de objetivos de desarrollo sostenible, que deberán ser peustos en práctica hasta 2030». Y en el mes de diciembre, «la Conferencia sobre los cambios climáticos en París recibirá los planes y los compromisos de cada Gobierno para frenar o reducir el calentamiento global». Considerando esta secuencia de encuentros, «los meses de 2015 son cruciales para las decisiones relacionadas con el cuidado o la gestión de la tierra y para el compromiso efectivo para el desarrollo internacional y el bienestar de los seres humanos». En esta perspectiva, la intervención del Papa asume un significado particularmente relevante: es el aporte que muchos esperan para dar un respiro universal, espiritual, ideal y político a temas que demasiado a menudo acaban aprisionadas por intereses de parte».
 
Varios de los artículos reunidos en el número de “La Civiltà Cattolica” son una especie de introducción general a los temas que serán afrontados con mayor profundidad en la Carta encíclica “Laudato si’”. Entre estos textos, el del padre Luciano Larivera (“Religión y crisis ecológica”) afronta el tema de una colaboración posible entre el hebraísmo y los mundos islámico y católico, tanto desde el punto de vista del perfil de las respectivas tradiciones como a nivel financiero. Se sugiere en el texto una inédita alianza para defender la Creación. A nivel general, Larivera afirma: «Ni la ONU ni las religiones gozan de confianza universal sobre la eficacia de su acción para “cambiar las cosas” en términos de una mayor justicia distributiva y ambiental. Pero las religiones continúan anunciando la confianza y la esperanza en Dios y en las potencialidades humanas. Y, por amor hacia las futuras generaciones, consideran posible una “civilización ecológica”». «Sin embargo –prosigue Larivera– denuncian que los problemas ambientales son signo de una múltiple crisis: antropológica, ética y de gubernabilidad (a nivel público y privado, global y local). Para resolverlos se requiere una nueva “síntesis humanista” (“Caritas in veritate”, n. 21)».
 
Sobre el sentido específico de la próxima encíclica, el padre Larivera afirma que «la acción y las palabras de Francisco se dirigen en primer lugar a los 1.200 millones de bautizados católicos, muchos de los cuales viven en los países que más contaminan. La Encíclica provocará debates, profundizaciones y divulgaciones (incluyendo las críticas) en la Iglesia católica» y fuera de ella. De hecho, observa el jesuita, en este Papa, que con la elección de su nombre ha afirmado la opción eclesial de la protección de todas las criaturas, «hay esperanzas históricas excepcionales, porque goza de evidente popularidad y de un inigualable consenso a nivel internacional e interreligioso. Importantes exponentes de la comunidad científica dialogan con él. Y la vasta atención mediática que lo rodea es un recurso para la comunidad internacional comprometida en la promoción del desarrollo sostenible. De hecho, se reconoce a Papa Francisco la capacidad para expresarse en un lenguaje universal».
 
Muchos esperan el mensaje del Papa. Y justamente el padre Larivera también se refiere a las críticas que, por ejemplo, en los Estados Unidos, ya han comenzado a circular como una especie de fuego preventivo por ese que (antes de su publicación) ya es considerado un texto (con razón o sin ella) que podría determinar un salto de calidad en la conscientización a favor del medio ambiente entre la opinión pública a nivel mundial. En los diferentes artículos del número de “La Civiltà Cattolica” no se teme hablar sobre las “lobbies” industriales y petrolíferas que «son muy activas: financian estudios que favorecen sus acciones, pero muy alejados de la preocupación ambiental. Financian también a los científicos que se oponen a las teorías del cambio climático».
 
El padre Pierre de Charentenay, en el artículo titulado “Política y ambiente”, indica que las transformaciones que provoca el hombre en el medio ambiente son complejas y todavía no han sido comprendidas por completo. «Ignoramos –escribe el padre jesuita– incluso la profundidad de tales cambios. Cada ser humano está conectado con el conjunto de la vida sobre la tierra, en equilibrio con todos los demás seres. La desaparición de uno de estos elementos tiene consecuencias que todavía no sabemos evaluar». «La desaparición de las abejas –añade– demuestra que la falta de una especie afecta toda la cadena de los seres vivos. La reducción del número de los grandes cetáceos y de los tiburones tiene consecuencias sobre la proliferación de todo lo que comen, interrumpiendo de esta manera una cadena alimenticia».
 
«Nosotros –afirma el padre de Charentenay– hemos provocado un desequilibrio en un sistema que tenía reglas propias establecidas durante milenios. Los efectos, y también muchas causas, todavía nos son desconocidos, pero estamos acelerando el cambio de tales equilibrios». El artículo indica que los grandes cambios climáticos que están modificando ecosistemas y equilibrios ambientales son una de las razones (y para nada secundarias) de las graves crisis humanitarias que se han ido intensificando y “encabalgando” durante los últimos años, provocando tensiones sociales en zonas cada vez más vastas del planeta.
 
Otros de los artículos se ocupan del magisterio de Pablo VI, de Juan Pablo II, de Benedicto XVI (cuya sensibilidad ecológica fue aumentando) y de Papa Francisco. Un recorrido que demuestra que el tema de la Creación es fundamental desde hace décadas en la reflexión teológica y pastoral de la Iglesia. Entre los numerosos documentos citados, tiene un significado particular el discurso pronunciado por Papa Ratzinger ante el Parlamento federal alemán el 22 de septiembre de 2011. «La aparición del movimiento ecológico en la política alemana, a partir de los años setenta –dijo en aquella ocasión Benedicto XVI–, a pesar de no haber abierto de par en par las ventanas, sigue siendo un grito que anhela aire fresco, un grito que no puede ser ignorado ni olvidado porque en él se aprecie demasiada irracionalidad». «Personas jóvenes –añadió– se dieron cuenta de que en nuestras relaciones con la naturaleza hay algo que no funciona; que la materia no es solo un material para que lo utilicemos, sino que la tierra misma lleva en sí la propia dignidad y nosotros debemos seguir sus indicaciones». Entonces, prosiguió, «cuando nuestra relación con la realidad es algo que no funciona, entonces todos debemos reflexionar seriamente sobre el conjunto y sobre la cuestión de los fundamentos de nuestra misma cultura».


Fuente: vaticaninsider, 11/06/2015

 

 

 

 

 

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