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Martha Zechmeister “El pueblo mártir hoy y la esperanza que nos trae”

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19/05/2015

REFLEXIONES - Monseñor Romero, al igual que Rutilio Grande, su precursor, e Ignacio Ellacuría, su seguidor y eco reflexivo, tenían, en su momento histórico, en los años antes y durante la guerra civil salvadoreña, el carisma profético y la genialidad de dar voz al sufrimiento del pueblo. Un pueblo sacrificado en este momento al ídolo de la riqueza, macheteado en su lucha justa por una vida digna, expuesto a la violencia despiadada y bárbara, expulsado de su hogar y su tierra, viviendo la pesadilla de las torturas, de las guindas y de la separación de sus seres queridos. Este mismo pueblo entendía de una manera espontánea e inequívoca: Rutilio, Monseñor Romero y Ellacuría hablan de nosotros, de la realidad que sufrimos día a día en nuestra carne. Nosotros somos el “pueblo crucificado”, nosotros somos “el pueblo mártir”. Y no solamente hablan de nosotros, sino que nos dignifican y nos entregan una esperanza última: ¡Ustedes son el cuerpo del Cristo crucificado en la historia! Ustedes, son la carne martirizada ?así como la carne del pobre hombre de Nazaret, en el que Dios se hace presente en este mundo configurado por el pecado.

Con Rutilio Grande, Monseñor Romero e Ignacio Ellacuría irrumpióun nuevo modo de anunciar el evangelio y de denunciar el pecado en la Iglesia salvadoreña. Este nuevo modo de hablar, rechaza rotundamente el “docetismo” teológico y pastoral, la palabrería sin carne y vacía de realidad. En este nuevo lenguaje se encarna “la palabra viva y eficaz de Dios, y más cortante que espada de dos filos” (Hb 4,12). Esa palabra crea realidad, es “liberadora y salvadora, como el lenguaje del mismo Jesús” .

Rutilio Grande, Monseñor Romero e Ignacio Ellacuría tenían un don genial para dar palabra a la realidad, al sufrimiento del pueblo.Pero no solo eso otorga a su lenguaje potencial salvador y esperanzador, un lenguaje que llega sin rodeos a los corazones de los más vulnerables, sino que también contribuye a ello la coherencia firme y total de su vida. Una coherencia que sellaron con su martirio y con su sangre.

Hacer memoria de los mártires y celebrarlos es peligroso. Nos obliga también a nosotrosa dejarnos tocar en nuestras entrañas por la angustia, por el martirio que sufren las victimas hoy.Nos obligaa arriesgar lo que parece una locura autodestructiva: lanzarnos con toda nuestra existencia contra la maquinaria que aplasta brutalmente a los vulnerables. Hacer memoria del cuerpo y de la sangre de los mártires, entre ellos el protomártir Jesús de Nazaret, no permite ninguna “celebración light”. O nos inicia en su seguimiento o es pura mentira y lleva consigo su “propia condena” (cf. 1 Cor 11,29).

Poner a producir el legado de los mártires, hacer teología fiel a su herencia, no permite ninguna repetición estéril, ni mecánica. Se puede ser especialista en el pensamiento de Ellacuría, conocerlo y analizarlo hasta la última letra, pero traicionarlo. Estudiar profundamente el pensamiento de los mártires es una tarea de suma importancia, que exige todo nuestro rigor intelectual. Pero nunca puede ser un fin en sí mismo, una tarea meramente académica. Ser fiel a su legado, nos obliga a un ejercicio paciente de contemplación, de atención sincera a la realidad, que vive el pueblo crucificado hoy. Si lo hacemos de verdad, duele; duele hasta el “tuétano de los huesos”. Sin embargo, solo de ese dolor puede nacer de nuevo una palabra teológica y pastoral eficaz y esperanzadora, fiel a la herencia de los mártires.

Como teólogos y teólogas de la UCA estamos cansados de responder a la objeción que el pensamiento de los mártires ya ha perdido vigencia y pertenece a una época pasada, porque el “paradigma” ha cambiado. Ciertamente, estamos conscientesde que su creatividad nos prohíbe darle trato de museo.Al contrario, la creatividad de su pensamiento nos compromete para movilizar nuestra propia creatividad. En efecto, tenemos que “actualizar” la herencia de los mártires. Ahora bien, qué quiere decir“actualizar”.Ignacio Ellacuría nos lo explica de manera concisa: “Actualizarlo no significa primariamente ponerlo al día, al menos en el sentido que esta expresión puede tener de estar a la moda de los tiempos. Actualizarlo significa, más bien, dar realidad actual…” .Eso es lo que intentaré hacer a continuación, es decir, dar realidad actual a la herencia de los mártires...

 

“El pueblo mártir hoy y la esperanza que nos trae”

 

Martha Zechmeister
Departamento de Teología, San Salvador.

JPIC, 29 de abril de 2015

 

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