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FMM - Sr. M. Marie Chrysanthe

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«¡Vale la pena vivir así!»

M. Marie Chrysanthe de Jésus (Félice Von Hurter) nació en Bucarest, donde su padre era diplomático, el 29 de agosto de 1894, en una familia de cinco hijos: tres hijas que serán religiosas (una del Sagrado Corazón y dos FMM), y dos chicos.

El 4 de noviembre de 1919 entra con su hermana en el noviciado de las FMM de Austria, y es enviada a Italia para su formación permaneciendo allí hasta 1923. El 25 de febrero del mismo año, es enviada a China con otras cinco, donde se dedica en cuerpo y alma a la misión en varias comunidades. Utiliza su dinamismo, su fuerza de carácter, su capacidad de organización, sus innumerables iniciativas y su creatividad donde la necesitan: con las hermanas, las alumnas, la formación de los cristianos, las huérfanas, los refugiados, los enfermos y toda clase de pobres… y lo hace siempre con una alegría y entusiasmo a toda prueba.

En agosto de 1938, estalla una epidemia de cólera seguida de la invasión del ejército japonés… La vida de las hermanas es ahora salvar en medio del horror: enterrar a los muertos, curar a los heridos, alimentar a los hambrientos, hablar de Dios a los moribundos. Marie Chysanthe se opone con firmeza y serenidad a un grupo de officiale japoneses que vienen a decirle que hay soldados chinos entre los refugiados y heridos que acogen y cuidan las hermanas.

La segunda guerra mundial está en pleno auge. Los aviones aliados bombardean implacablemente causando destrucciones enormes. M. Chrysanthe se multiplica para ayudar en todas partes donde puede e incluso reemplaza a la provincial que muere de un ataque cardiaco. A pesar de las muchas dificultades, desde octubre de 1945 hasta diciembre de 1946, viaja a todas las comunidades para tomar contacto y conocer la situación real.

En 1946, tras los acontecimientos y rumores que corren, M. Chrysanthe une a esa visión inteligente, una simplicidad que aterriza en la realidad sin dramatizar. Cree que es el momento de prever la expulsión de las hermanas europeas y pide permiso a la superiora general para tomar la nacionalidad china. El 1º de octubre 1949, Mao proclama el establecimiento de la República Popular China, y poco a poco se va instaurando en el país un régimen de terror. Nadie tiene el derecho a pensar por sí mismo, es el Partido quien le dicta lo que debe hacer o decir. A la menor resistencia, prisión, expropiación, ejecuciones sin juicio, juicios populares, delación, empleo de la persuasión, campos de concentración, etc. La parte más fácil del programa que hay que cumplir es levantar al pueblo contra los extranjeros. Poco a poco, con el pretexto del bien del Estado y del pueblo, se les quita las escuelas, los orfanatos, los lugares de culto; cientos de misioneros, sacerdotes, religiosas son detenidos, encarcelados, juzgados, expulsados, y muchos de ellos mueren.

En este contexto se desarrolla la vida de las hermanas en los años 1949 a 1951. Tratarán de permanecer en ese servicio de amor al pueblo, especialmente a los más pobres. El círculo de la persecución se va cerrando lentamente en torno a cada comunidad: interrogatorios interminables, impuestos imposibles de pagar, alimentación cada día más escasa, dificultad en el hospital para que el trabajo pueda seguir con normalidad; luego comienzan los registros y allanamiento de todos los rincones de la casa para encontrar “faltas” para acusar a cada hermana de miles de “pecados” contra el pueblo.
Pronto comienzan los juicios populares, y la cárcel o los campos de concentración. Las hermanas tienen que dejar el hospital. En medio de este huracán de dolor, Marie Chrysanthe trata de conservar la calma.

Llevan a toda la comunidad con Marie Chrysanthe a la cabeza a juicio popular acusadas de actuar contra la ley y sus prisioneros. Les despojan de todo lo que llevan, son separadas unas de otras y sometidas a sesiones de reeducación y adoctrinamiento comunista.
Marie Chrysanthe pasa 121 días en la cárcel en condiciones degradantes y humillantes: “Necesitamos un rato para tomar conciencia de la gravedad de nuestra situación y de sus consecuencias imprevisibles. Me esfuerzo para decir a Dios “Gracias”. En el fondo del corazón siento terror pero la punta más fina de mi alma exulta. ¡Ser digna de sufrir por Él!... A pesar de la tristeza, no tengo ganas de llorar. Hago la ofrenda a Dios de todo, con todo lo que podría suceder, conocido y desconocido. Le confío a mis compañeras de la misión…”

Finalmente es condenada por el tribunal junto a otros extranjeros y expulsada para siempre de China, pero la liberación llagará mucho más tarde.

El 2 de diciembre 1951, M. Chrysanthe llega a Roma, no sin antes escribir una larga carta a sus hermanas de las comunidades de China, muchas de ellas ya dispersas en otros países. Es el Adiós y la promesa de llevarlas a todas grabadas en su corazón.

A finales del año 1952, es nombrada provincial de las comunidades de Indonesia, Australia, Singapur y Malasia. Un nuevo mundo se abre ante M. Chrysanthe, y allá va confiada, en el Amor que guía su vida. Lleva el encargo de hacer brotar en esos países nuevas respuestas a sus inmensas necesidades y posibilidades. Sus prioridades son siempre los más pobres y abandonados, las mujeres y los niños, los jóvenes, las vocaciones del lugar, la formación humana, profesional y la profundización de la fe, trabajar con los laicos. Los años pasan rápidamente…

El 4 de mayo 1960 es elegida consejera general y sale para Roma. Unos días después, es nombrada Vicaria general del Instituto y también superiora de la casa general. Sus nuevos cargos le exigen mucho, pero M. Chrysanthe se propone ayudar y sostener a su querida superiora general en todo. Cumple su servicio con su alegría de siempre, entregándose al máximo, con un buen humor que irradia por donde pasa.

En agosto 1962 debe someterse a una operación de urgencia cuyo diagnóstico es un cáncer en fase terminal. Los médicos le dan unos meses de vida. En octubre, M. Chrysanthe vuelve a su servicio en la comunidad como si nada sucediera, con la aceptación humilde de su realidad, en la línea del “Sí” pronunciado al inicio de su camino en la vida religiosa, renovado tantas veces en su vida misionera, repetido al entrar en la cárcel, sin saber hacia dónde iría su vida. Se entrega en las manos llenas de ternura de Dios Padre.

El 14 de abril 1963, día de Pascua de Resurrección M. Chrysanthe regresa a Dios, en el mismo día en que 12 años antes había sido juzgada por el odio de los hombres.



Maria Justina Fanego, fmm
(Texto adaptado)

www.fmm.it

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