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Encuentro en la UISG: Un liderazgo con Espiritu

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19/03/2014

PONENCIA DE LA HNA. ASUNCIÓN CODES, STJ

 

INTRODUCCIÓN

El Papa Francisco nos presenta como el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora de estas características en la Iglesia, la mediocridad espiritual. Está impulsando con fuerza una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, nos dice, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue. Solo su Espíritu puede poner más verdad en el cristianismo actual, y puede conducirnos a recuperar nuestra verdadera identidad. “No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra…. no es lo mismo tratar de construir con su Evangelio que hacerlo solo con la propia vida.”
Por eso busca para la Iglesia hoy “EVANGELIZADORES CON ESPIRITU”, que se abran sin miedo a su acción y encuentren ahí “su fuerza para comunicar la verdad del Evangelio con audacia”.

Apoyada en esta invitación, y convencida de que nuestro liderazgo debe atender, por encima de cualquier otro servicio, a lo que nos descentra del verdadero centro, comparto algunas de mis convicciones.


1. Ante todo, MUJERES DE OBEDIENCIA Y DE EXPERIENCIA DE JESÚS

La experiencia que marca toda la trayectoria de un verdadero liderazgo religioso es la de un Dios que ha liberado nuestro corazón para amar, para SER Y SENTIRSE AMIGA DE DIOS y HERMANA DE TODOS. Ha ensanchado el espacio de nuestra tienda y no podemos hacer otra cosa que rendir nuestra Voluntad,  abandonar miedos y resistencias y entregarnos a que Otro gobierne y guíe nuestra historia

 “no hay ya quien sufra recibir tanto y no pagar nada. Cueste lo que costare, Señor, no queráis que vaya delante de Vos tan vacías las manos…Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad; todo os lo he dado, vuestra soy, disponed de mí conforme a la vuestra. (V 21,5)

Podemos decir que el LIDERAZGO CON ESPÍRITU  es aquel que nace de una fuerte experiencia de fe y de obediencia agradecida al proyecto de Dios, a su sueño revolucionario para los hombres y mujeres de nuestro tiempo: TODOS están convidados en la Mesa del Reino. TODOS tienen derecho a gozar de los bienes de este mundo. Lo nuestros es COOPERAR, no rivalizar, ni estorbar. COOPERAR ENTRE NOSOTROS Y CON TODOS Y TODAS.

Jesús nos apasiona haciéndonos experimentar el fuego de su Palabra y de sus gestos en las entrañas, en la mente, en el corazón y sintiendo el impulso de encarnar su apasionamiento por la humanidad, que despierta en cada uno/a deseos de sanar, reconstruir, edificar mundos nuevos, generar comunión y encuentro, hacer justicia o interceder continuamente por la reconciliación, como lo han vivido cada uno de nuestros fundadores, en sintonía con lo que vemos y nos llega de toda la realidad.

El atrae y orienta nuestra respuesta en la dirección del Reino. Sencillamente vamos consintiendo al amor desde la mujer que somos. Extraña mezcla de pasividad y libertad. No podemos hacer otra cosa sino anunciar y amar con el mismo amor con que somos amadas, y realizar “algunas obras” en su servicio. 

Cuando esta especie de pasión o “locura” falta, toda la acción evangelizadora, y también el servicio de nuestro liderazgo, se domestica y dejamos de contagiar buenas noticias transformadoras de los diferentes contextos donde estamos. Así lo denuncia Teresa de Jesús de algunos predicadores, los líderes de la Iglesia de su tiempo, que “van ordenando sus sermones para no descontentar. Buena intención tendrán y la obra lo será; mas ¡así se enmiendan pocos! Mas ¿cómo no son muchos los que por los sermones dejan los vicios públicos? ¿Sabe qué me parece? Porque tienen mucho seso los que los predican. No están sin él, con el gran fuego de amor de Dios, como lo estaban los Apóstoles, y así calienta poco esta llama. No digo yo sea tanta como ellos tenían, mas querría que fuese más de lo que veo. ¿Sabe vuestra merced en qué debe ir mucho? En tener ya aborrecida la vida y en poca estima la honra; que no se les daba más a cambio de decir una verdad y sustentarla para gloria de Dios perderlo todo, que ganarlo todo" (V 16, 7)

Este sería el CONTRAPUNTO, o criterio de discernimiento para saber si la experiencia fundante de Dios como el Señor de nuestras vidas, marca nuestro modo de vivir este servicio, o son  “otros señores” los que nos tienen sometidas y aprisionan el amor,  la verdad y la libertad, en definitiva, el verdadero servicio:

van ordenando sus sermones para no descontentar… Las palabras, los escritos, los gestos y decisiones de un equipo de gobierno pueden dejar indiferentes a nuestras hermanas, o hacer que los corazones ardan. No es lo mismo que nazcan del fuego de un amor que nos quema por dentro, o que lleven la pretensión de contentar, sacar ganancias personales, evitar conflictos o imponer “fardos pesados”.

Un exceso de sensatez, discreción, diplomacia o miedo, se puede apoderar de nosotras algunas temporadas, y dejamos de apuntar a respuestas arriesgadas o de recordar algunas verdades necesarias para vivir una VR sin tanta mediocridad, o con menos ambigüedad.

En cambio, todas tenemos experiencia de que cuando su Palabra nos seduce, y sintonizamos con el modo de hablar, de pensar, de servir y amar de Jesús,  nuestra “llama” no calienta poco, sino todo lo contrario… Pero no basta con tener un deseo muy fuerte. Para ser fieles a lo que el Espíritu sugiere es preciso consentir a esa extraña lógica evangélica de perder para ganar, liberarse del miedo a sufrir y del temor a ser malinterpretadas, juzgadas, o simplemente a equivocarnos. Hay que reconocer que lo que en el fondo más admiramos de todos nuestros fundadores es que les daba igual perderlo todo que ganarlo todo con tal de amar a este Dios que les amó primero y buscar solo su mayor gloria y servicio.

Diría, por tanto, que esta experiencia de Dios, fuerte y sostenida, es la que nos va convirtiendo en lideres que utilizan el lenguaje de decir verdades, para recordar el sueño de Dios con cada una de nosotras. Palabras y gestos que se apoyan en la humildad, y al mismo tiempo contagian la osadía evangélica, la novedad y el riesgo. Por eso dan paso a la creatividad, y hasta alguna locura.
El LÍDER con Espíritu es el que está atravesado por esa necesidad de realizar obras en el servicio de Dios, de agradecer con su vida lo mucho que ha recibido. Siente el compromiso por distinguir lo verdadero de lo falso, el espíritu de Dios, del mal espíritu. Es una mujer o un hombre serio con las cosas de Dios, y con sus intereses que son cada uno de sus hijos e hijas.

Así que el liderazgo se mostrará en ayudar a las comunidades a correr riesgos, y a no buscar la solución más fácil, a confiar en los jóvenes, aceptar la precariedad y la vulnerabilidad. Esto se conseguirá teniendo las ventanas abiertas a la gracia impredecible de Dios. La vida religiosa debe ser un nicho ecológico de libertad y confianza. No de la libertad de aquellos que imponen su voluntad, sino la que da el abandono permanente y confiado a la novedad de Dios…No necesariamente tenemos que ser temerarios, pero tampoco debemos dejarnos dominar por el miedo. Si nuestros votos son la promesa de dejar a Dios que siga sorprendiéndonos, entonces, el liderazgo nos ayuda a ser fieles a este gran abrazo a la inseguridad y desdramatiza nuestros pequeños medos… (T. Radcliffe)

Vivir en obediencia de fe, va gestando la verdadera misión a la que hemos sido llamadas...

 

Hna. Asunción Codes, STJ

El documento completo se encuentra en la sección Documentos UISG

 

 

 

 

 

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