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Benedicto XVI y Papa Francisco. Entrevista a sor Enrica Rosanna

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24/02/2014

francesco benedettoREFLEXIONES - El 11 de febrero de 2013 Joseph Ratzinger anunció en latín a los cardenales que dejaba el solio de Pedro. Una declaración que el Papa había escrito de su propio puño diciendo que ya no tenía fuerzas para gobernar la barca de Pedro y que, después de haber rezado mucho, había decidido dejar.

Hemos entrevistado a sor Enrica Rosanna, fma, que desde 2004 a 2011 ha sido Subsecretaria de la Congregación para la Vida Consagrada y actualmente directora de la comunidad Pablo VI en Concesio BS)

A un año de la importantísima decisión para la vida de Iglesia del Papa Benedicto XVI. ¿Qué ha cambiado?

El gesto de gran humildad y fe del Papa Benedicto, un gesto de amor a la Iglesia, preparó el camino al Papa Francisco. En Francisco hay mucho de Benedicto y me atrevería a decir- viceversa. La continuidad es de sustancia, los caracteres son distintos, como la procedencia geográfica y cultural, la experiencia pastoral, pero aquí está la creatividad del Espíritu, que siempre sorprende.

Ya la elección del nombre Benedicto, el padre de la vida monástica y Francisco el poverello de Assisi marca la diferencia y la continuidad y revela en los designios de la Providencia que la mano no cambia cuando la autoridad se vive como servicio, y no como poder. Y pasa de testigo a testigo generando nueva vida y frescura evangélica. El Papa Francisco, con gestos inéditos recibidos con simpatía incluso por los no creyentes, hace resonar con inaudita eficacia las palabras de Benedicto, pronunciadas desde el inicio de su pontificado: la Iglesia está viva: La Iglesia es joven. Lleva en sí el futuro del mundo y por ello muestra también a cada uno de nosotros el camino hacia el futuro. La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: nosotros experimentamos la alegría que el Resucitado prometió a los suyos. La Iglesia está viva está viva, porque Cristo está vivo, porque verdaderamente resucitó.

El Papa Benedicto se despidió subrayando que continuaría sirviendo a la Iglesia con la oración: ésta es una aportación realmente extraordinaria que dio y está dando todavía, ¿qué piensa de ello?

La oración es la fuerza de la Iglesia, es la fuerza de todo cristiano y el Papa Benedicto nos lo ha demostrado de muchas maneras. Su personalidad espiritualmente rica rezuma de los discursos, de los escritos, de los encuentros (y de estos encuentros llevo impreso el último en el corazón, en el Monasterio Mater Ecclesiae). ¡Qué conmovedora es la imagen de los dos Papas rezando juntos!

Me siento obligada a compartir plenamente lo que dijo el Padre Lombardi, Director de la Oficina de Prensa Vaticana, respondiendo a una entrevista sobre el Papa Benedicto. Éstas son sus palabras:

yo siento mucho la presencia del Papa Benedicto XVI, como una presencia espiritual fuerte que acompaña, que da serenidad me recuerda las grandes figuras de los ancianos de la Historia de la Iglesia y de la Historia Sagrada; particularmente, todos pensamos por ejemplo- en Simeón, que acoge en el templo a Jesús y que con alegría mira también su destino eterno y también el futuro de la comunidad que sigue caminando por esta tierra.

Todos nosotros sabemos el grandísimo valor de tener con nosotros a los ancianos, ancianos ricos de sabiduría, ricos de fe, serenos: son verdaderamente una grandísima ayuda para quien es más joven, para ir adelante mirando con confianza y con esperanza al futuro. Esto es para mí y creo para la Iglesia - Benedicto XVI: el Gran Anciano, sabio, digamos tal vez: santo, que invita con serenidad: santo que nos invita con serenidad porque es también hermoso, cuando se ve: da verdaderamente una impresión de gran serenidad espiritual. Ha conservado su sonrisa a la que nos tenía acostumbrados, en los hermosos momentos en que lo encontrábamos- y que por consiguiente nos invita a ir adelante en el camino, con confianza y con esperanza.

Sor Enrica usted ha sido subsecretaria de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica durante el Pontificado de Benedicto XVI. ¿Qué ha significado vivir junto al Santo Padre, qué le ha dado y le da todavía, personalmente y espiritualmente?

El período pasado en el Vaticano, al servicio de la sede Apostólica, ha sido para mí un regalo grade, incluso grandísimo. Un verdadero regalo de la Providencia. Lo empecé con el Beato Juan Pablo II y lo he continuado con el Papa Benedicto: dos gigantes de la fe.

He mirado con frecuencia a Juan Pablo II en los últimos años de su vida, con admiración y conmoción y he mirado muchas veces con la misma conmoción y admiración al Papa Benedicto XVI. Los dos me han enseñado con la vida la manera de vivir como cristianos en cada estación, incluso en la de mayor responsabilidad en la tierra, también la de la plena obediencia al Señor, la de la ancianidad, del dolor, de la soledad. Está claro que el Señor les ha pedido mucho, pero les ha dado más. Entre ellos y el Señor ha habido, y para el Papa Benedicto hay, un profundo entendimiento, y se ve, y se palpa. Y es también por este entendimiento que creo poder decir con alegría: la mano no ha cambiado, gotea mucho todavía de bendiciones y podemos mirar con esperanza al futuro y creer que la esperanza, la verdadera, no muere.

Hoy os invito a orar conmigo por su Santidad Benedicto XVI, un hombre de gran audacia y humildad ha escrito el Papa Francisco. ¿Qué evocan estas palabras y qué recuerdos mayormente significativos puede compartir con nosotros?

No quiero bypassare la pregunta pero debo decir con emoción que los recuerdos más hermosos están encerrados en el corazón y permanecen inéditos, precisamente porque temo desperdiciarlos comunicándolos. No podré nunca olvidar aquel gracias tantas veces repetido cuando lo visité en Castelgandolfo para despedirme al terminar mi servicio. Él decía gracias y me lo repetía apretándome las manos mientras yo permanecía muda y conmovida porque hubiera querido decirle gracias mil veces más. Ahora, a la distancia del tiempo, quiero hacerle llegar aquel gracias no expresado entonces a causa de la conmoción.

Gracias Padre santo. Gracias por Su última Encíclica: Subo al monte para continuar sirviendo y amando a la Iglesia en el silencio y en la oración.

Gracias por su Testamento a la vida consagrada, que es una fuerte invitación a caminar en una fidelidad siempre nueva: Os invito a alimentar una fe capaz de alimentar vuestra vocación? Os invito a una fe que sepa reconocer la sabiduría de la debilidad Os invito a renovar la fe que os hace ser peregrinas hacia el futuro.

¡Gracias Padre Santo. Gracias Padre! Así seguiré llamándolo, porque un Padre nunca deja de ser el corazón pulsante de su Familia y de transmitir a sus hijos palabras de vida y de esperanza.

 

Fuente: Salesianas de Don Bosco, Hijas de María Auxiliadora

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