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Entrevista a sor Amalia Orozco, FMA

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MÉXICO - Sor Amalia Orozco, fma de la inspectoría mejicana Nuestra Señora de Guadalupe (MME) es la responsable del CANTINCAM, Equipo de Catequesis Indígena y Campesina. El objetivo de este Equipo que trabaja con las poblaciones indígenas desde hace unos 30 años es “Fortalecer y dar impulso a los agentes de pastoral indígena y campesina mediante una formación integral y permanente para que a partir de la dimensión Nacional de Pastoral Catequística se pueda tener presente el Evangelio en las diversas culturas, asumiendo la Pedagogía de María Santísima de Guadalupe, Madre y Maestra de la Inculturación ”.

De modo más específico el equipo trabaja para hacer de manera que en los Organismos Diocesanos de Catequesis haya quien se encargue de la Catequesis Indígena y Campesina, promueva una formación integral para acompañar a los agentes de Pastoral en su personal encuentro con Cristo y con las propias culturas y para una cada vez mayor profundización de los valores culturales de las diversas etnias de poblaciones indígenas para ponerlas a confrontación con los valores evangélicos.

Nos reunimos con sor Amalia que está en Roma para un encuentro catequístico junto a Malena Pérez, chinanteca y a Clarita Mancilla del pueblo de los Náhuati.

Sor Amalia ¿cuándo inició tu misión como animadora de la catequesis en Chapas?

Empecé entre los Mixe, he estado con ellos 14 años. El obispo conocía la labor que las fma hacían con los catequistas pero él creía que sería importante que nosotras pudiéramos trabajar, formar a las mujeres para hacerlas catequistas y me pidió a mí. Yo empecé en 1983, pero después del primer año me dije que sola no podía hacer nada, que necesitaría un grupo de personas del lugar, porque ellos conocían las diversas lenguas y costumbres, las varias diversidades culturales. Hablé con el obispo y él apoyó mi propuesta y me dejó hacer. Empecé a reunir un equipo que poco a poco empezó a tomar forma cada vez más con una estructura bien definida. Al principio los párrocos decían: “o viene sor Amalia o no necesitamos nada” después poco a poco se dieron cuenta de lo bien que juntos se hacía el trabajo y lo bien preparadas que estaban la catequistas, las aceptaron a todas.

Yo permanecí allí 14 años, después los obispos me pidieron trabajar a nivel nacional y tuve que ir a Ciudad de Méjico, pero quien se quedó continuó el trabajo de formación para los catequistas en la prelatura Mixe.
Junto a la comunidad fma con el tiempo surgió la obra Auxilio, una obra gestionada por algunas mujeres, catequistas laicas, que hacen vida en común y que dedican su vida al servicio de la catequesis.

¿Cuándo iniciasteis la sistematización del trabajo de vuestro equipo?

Cuando empecé a trabajar a nivel nacional pensé que era necesario un proyecto, lo que se había hecho en pequeño con los Mixe podía repetirse a nivel nacional. Entonces empecé a formar un equipo de trabajo; busqué a personas de diversos grupos culturales, en Méjico hay muchas culturas indígenas, y habíamos llegado a formar un equipo de 18 personas, pero era una ilusión pensar que todas las personas consiguiéramos reunirnos, sobre todo por las grandes distancias. Todos habíamos dado nuestra disponibilidad pero concretamente era imposible reunirnos. Entonces formamos un equipo más reducido, somos 6, entre sacerdotes, laicos y religiosos, y tenemos la coordinación a nivel nacional de la formación de los catequistas indígenas y campesinos. Con este equipo hemos escrito diversos proyectos DINPAC e imprimimos diversos subsidios siempre para la formación de los catequistas.

En las zonas a donde vais ¿qué porcentaje de católicos hay? ¿Es fácil para los catequistas hacer la catequesis? Las parroquias ¿están pobladas?

Méjico es católico, es un país que todavía tiene mucha gente que se esfuerza en vivir la fe. Los catequistas son personas clave en las comunidades, no son los que hacen catequesis una hora, un día a la semana . El catequista es una persona con una gran presencia moral, e él se le da la palabra, él puede llevar adelante su pensamiento, actúa, el catequista se convierte en una presencia significativa en la propia comunidad y no sólo de la parroquia. Nuestro deber es darles una formación para que ellos puedan inculturar la fe, el mensaje evangélico debe entrar en su cultura, nosotros podemos decir somos católicos, pero lo malo es que a veces tenemos una fe basada más en el sentimiento y poco comprometida en el vivir cotidiano. Por esto nosotros deseamos que los valores culturales se arraiguen en el evangelio, éste es nuestro desafío.

Preguntamos a Malena Pérez, laica chinanteca que vive en la comunidad de las casa Auxilio cómo es su vida y de qué manera sostienen la labor de formación de los catequistas.

Durante el verano, en el mes de julio, damos hospedaje a un curso para catequistas. Vienen muchos, hombres y mujeres y nosotros somos el equipo que piensa en todo, tanto en los momentos formativos como en todo lo que se refiere a la hospitalidad. Durante el año por el contrario somos nosotros los que vamos por las parroquias donde tenemos encuentros para los catequistas o bien animamos retiros con las familias y los jóvenes y seguimos a los que han participado en el curso de formación en verano. Vamos a las parroquias de la prelatura que son19.

¿Cuántas vivís en casa y cómo se vive la vida en común?

Ahora somos cuatro mujeres solteras, otras que estaban con nosotras se han casado y han ido a vivir a otra parte, pero permanecemos muy unidas entre nosotras y siempre en contacto. Compartimos los momentos de oración y las comidas, nos alternamos en las diversas obligaciones de la obra, y en el cuidado de la casa. El trabajo es mucho pero creemos que es útil el servicio que ofrecemos a las parroquias, a los religiosos y a las religiosas, y en la prelatura se nos acoge como a una comunidad de religiosas. Para poder entrar a formar parte de la casa Auxilio hay que pedirlo al Obispo, a veces somos los del equipo que al ver a alguna que podría ser apta, le hacemos la invitación, pero después se habla con el párroco y con el Obispo.

¿De qué vivís?

El nuestro es un trabajo voluntario, no recibimos ninguna compensación, confiamos totalmente en la Providencia. Hace algunos años a una compañera nuestra le diagnosticaron el cáncer, los médicos aconsejaron una intervención urgente llevándola a un buen hospital. Dios quiso que consiguiéramos hacerla entrar en un centro especializado en la Ciudad de Méjico, y allí los médicos nos dijeron que era necesario y urgente hacerle la radioterapia, pero se necesitaba mucho dinero. Pedimos un préstamo a los salesianos, que nos dieron una parte de la cuota, y al final otro salesiano consiguió encontrar el dinero que faltaba y nos lo dio. Pudimos empezar las terapias, y durante todo el proceso tocamos con las manos lo que la Providencia nos deparó. Ahora nuestra compañera está asistida por la sanidad pública, pero también esto es casi un milagro, porque no es nada fácil recibir la asistencia pública.

Hablamos también con Clarita Mancilla, de la etnia Náhuati, y le preguntamos desde cuándo trabaja con sor Amalia.

Hace 20 años que soy catequista, y trabajo con sor Amalia desde hace 8, formo parte de su equipo y doy mi aportación durante las reuniones nacionales que reúnen a los catequistas de diversas zonas de la Nación.

Por consiguiente, ¿también tú debes viajar mucho?

Yo soy consagrada laica de la Orden Virginis y además de trabajar en este equipo, estoy también al servicio de la diócesis, siempre como voluntaria, por consiguiente para los traslados debemos encontrar los recursos necesarios, pero hasta ahora la Providencia siempre nos ha ayudado.

¿Cuánto tiempo duran estos talleres y estos cursos?

Depende del tiempo que se quiere, tres días o también una semana. La formación que se da a los catequistas es muy importante porque no sólo es aprender nuevos conocimientos, sino también un intercambio de experiencias, para que se enriquezcan verdaderamente, para que de verdad puedan inculturar la catequesis. Es además la oportunidad de compartir usos y costumbres propias de las diversas culturas y de formar el ser humano de la catequista. Cada uno aprende del otro al compartir las diversas experiencias.

Y sor Amalia termina diciéndonos:

La formación de un gran grupo de catequistas enriquece a la comunidad parroquial y a todo el país, su ejemplo, su celo, su coherencia de vida se convierte en un instrumento de cambio social.

http://www.cgfmanet.org

Publicado: 18/12/2013

 

 

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