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Entrevista a sor Henryka M.

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Primero llegó a Santo Domingo, dos años después a Puerto Rico y finalmente a Cuba. Era su sueño. Nos cuenta que cuando Juan Pablo II visitó la República Dominicana tuvo un encuentro con los polacos allí presentes: «Cuando se acercó a mí le pedí una bendición para que finalmente pudiera entrar en Cuba, él me miró, sonrió y me dijo que en Cuba los polacos no eran bien recibidos, pero yo insistí en la bendición, y él me la dio y al cabo de poco tiempo obtuve el permiso para entrar».

¿Qué obras podéis realizar en Cuba?
Catequesis en todos los niveles, en los cuatro centros. Trabajamos para el desarrollo y la promoción de las mujeres, y en una pastoral específicamente misionera porque concierne a la evangelización del pueblo. Somos 20 hermanas 4 de las cuales son mayores. Tres de ellas fueron expulsadas y ahora han vuelto. Hay 6 cubanas y 14 de otras nacionalidades.

¿Qué tipo de labor desarrolláis?
La mayor parte del trabajo lo hacemos con los niños y, menos, con los adolescentes y jóvenes. Todos los jóvenes cubanos para entrar en la universidad deben frecuentar una escuela preuniversitaria para el bachillerato, del noveno al duodécimo año. La escuela está organizada para estudiantes internos. Estas escuelas están en el campo, lejos de las ciudades. Y allí los jóvenes dedican parte de su tiempo a las tareas agrícolas, el resto a estudiar. Pero en estas escuelas no se crece de un modo sano, sobre todo desde el punto de vista moral. No todos los fines de semana regresan, sólo una vez al mes o una vez cada quince días, y cuando vuelven procuran estar un poco con la familia y preparan de nuevo las cosas necesarias para llevar a la escuela.

¿Vosotras podéis entrar en las escuelas?
No, no podemos entrar, para no crear problemas a los jóvenes católicos que frecuentan la escuela. Los controles son muy severos. Lo maravilloso es, que muchos chicos que han frecuentado la catequesis con nosotras, después consiguen encontrarse en secreto y reunirse para rezar. El domingo cuando no pueden volver a casa, en el tiempo libre, se reúnen en pequeños grupos y rezan juntos. En Cuba la fiesta más grande es el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de María; un joven de mis catequistas cuando volvió me dijo: “hemos hecho la procesión”. Yo le pregunté cómo y el me respondió que tenía una imagen de María en el bolsillo de la camisa, sus amigos lo sabían y empezaron a caminar y a rezar haciendo así, a su manera, una procesión.

¿Visitáis a las familias para la evangelización? ¿Podéis entrar en las casas? ¿Os acogen?
A veces vamos a pequeños pueblos donde es difícil reunir a los jóvenes. Por ejemplo en Manguito, las tres hermanas tienen seis pueblos para visitar, bastante grandes y lejanos. Reúnen a pequeños grupos de jóvenes. Tenemos diversos centros de catequesis para los niños. Por centro entiendo lugares de reunión como una placita, un árbol, un campo. Las casas son muy pobres y a veces con pocas sillas, muy viejas y entonces los niños se sientan en el suelo o donde pueden. Donde yo vivo hay más de 30 centros o lugares donde ir a hacer catequesis, y con las catequistas salimos en un camión y cada una se queda en un sitio. Esto desde el viernes por la tarde y todo el domingo.

A veces estos pueblos están muy lejos y es difícil llegar a ellos y sólo podemos visitarlos una vez al mes. No hay buenas carreteras y ni siquiera coches. A menudo debemos hacer más de 30 km en un tractor que es el único medio que puede viajar por ese tipo de carreteras. Pero los viajes son muy difíciles y puede subirse uno, máxime dos cada vez. Es un trabajo difícil pero hermoso. En la catequesis ponemos mucho empeño en la formación de los niños y de los adolescentes, y cuando es posible, de los jóvenes.

Tenemos la casa de misión donde regularmente una vez por semana se reúnen los grupos de los adultos para celebrar la Palabra , compartir, rezar. A veces está el sacerdote que celebra la misa. En Camagüey, cuatro hermanas, van a los pueblos vecinos el miércoles y regresan el viernes al atardecer. Su finalidad es la evangelización del pueblo. Tienen ya lugares donde dormir ya sea en una casa o en una sacristía y hacen evangelización para todos, pequeños y grandes; visitan las casas, un día en un pueblo y otro día en otro; invitan, se reúnen, visitan a los enfermos, comparten las comidas. Y también para ellas la dificultad mayor es el transporte, porque la gasolina es muy cara y hay que encontrar el puesto donde comprarla.

¿Cómo es la vida de la gente?
Bajo todos los puntos de vista es muy dura. La gente vive preocupada en resolver el problema de la propia supervivencia. Buscan algo que les haga todavía vivir y esperar. Carecen de lo necesario. Se las ingenian para encontrar comida, vestidos y calzado para sus hijos. El que trabaja cobra salarios muy bajos. Pero muchos no tienen trabajo. Los médicos ganan 600 pesos, 24 dólares. La gente común recibe 200 o 300 pesos al mes. Poquísimo. Intentan sobrevivir, pero están cansados. Nosotras estamos allí con ellos para dar esperanza, para acompañarlos.

Vosotras ¿cómo subsistís?

Con la Divina Providencia , porque a veces las parroquias ayudan a las hermanas con alguna limosna. En las casas hay lo mínimo necesario. Donde yo estoy un poco más porque están las hermanas ancianas, pero las comunidades son pobres como la gente del lugar. Como toda la gente, cada mes recibimos del gobierno una tarjeta por persona para la comida.

¿Y las hermanas cubanas?
Son muy buenas. A veces sufren más que nosotras misioneras porque lo sufrimientos de sus familiares son también los suyos. Son apostólicas y solidarias con la gente. De ellas aprendemos mucho.

¿Cómo es la gente de Cuba?
Yo quiero mucho a los cubanos, son muy buenos, son personas cercanas, afectuosas, saben sufrir juntos, son muy solidarios: si por ejemplo a alguno le hace falta un medicamento todos empiezan a buscarlo para conseguirlo. Hay mucha solidaridad. En todas las situaciones difíciles que viven, necesitan nuestro apoyo, nuestra cercanía, oír una buena palabra para no perder la esperanza. Aprecian mucho nuestra presencia porque nos dicen: “todos quieren irse de Cuba, sin embargo vosotras os quedáis, permanecéis aquí sufriendo con nosotros”. Nos enseñan a vivir de lo esencial.

¿Qué puedes decirnos de la situación política y social?
Las noticias que llegan son muy preocupantes porque ahora un tercio de los cubanos perderá el puesto de trabajo. La gente está viviendo una situación insostenible. Antes de partir hacia Italia, he visto venir a muchas familias para pedirnos trabajo. Pero a nosotras nos es imposible satisfacerlos. Desgraciadamente no hay señales de recuperación, no hay fábricas no existe el mercado. Por las últimas noticias parece que Cuba se está abriendo al mercado privado. Esperemos. A veces no se sabe lo que nos deparará el futuro. Pero como cristianos sabemos que Dios está con nosotros.

Vuestra misión es ser solidarias con el pueblo, ¿realmente vosotras sufrís lo que sufre el pueblo?
Nosotras procuramos estar junto a la gente, resolver sus pequeños problemas. Por ejemplo, hay una hermana mejicana que conoce a muchas personas, y cuando alguien pide alguna cosa, como por ejemplo los medicamentos, ella hace todo lo que puede para conseguir lo que necesitan aquellas personas. Los médicos son muy buenos tanto profesionalmente como humanamente; si tienen los medicamentos nos los dan pero a veces es difícil obtenerlos.

Si alguien quisiera ayudaros ¿qué tendría que hacer?
La ayuda directa es difícil. Si alguien quiere ayudar puede enviar alguna oferta a la sede Provincial que es en definitiva la que nos ayuda cuando lo necesitamos, o también a través del economato general.

¿Qué sueñas para Cuba?
Continuar estando con la gente, para hacer todo el bien que podamos. Me gustaría que hubiera más hermanas jóvenes. El territorio necesita nuevas fuerzas, de entusiasmo y energía. La tarea es difícil, y también la vida. Con frecuencia empleamos mucho tiempo sólo para procurarnos algo para comer. Vamos al mercado pero no siempre encontramos lo necesario y entonces damos vueltas por distintos lugares. Pero lo que se necesita, y continúo soñando en ello, es la libertad. Los cubanos son inteligentes, creativos, tienen sentido práctico. Son un gran pueblo.

 

 

Infoline FMA

Publicado: 07/02/2011

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