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En la fe, evangelizamos
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En la fe, evangelizamos

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USG - Tuve la gracia de participar en la 80ª Asamblea de la Unión de Superiores Generales (USG), realizada en Roma, en el Salesianum. Participamos 127 religiosos, en su mayoría Superiores Generales y algunos Consejeros. Te comparto algo de lo que allí vi, escuché y viví.

La Asamblea tuvo dos partes: una con carácter de Asamblea Semestral, y la otra, de Asamblea General. En la primera parte, tras el saludo del Presidente de la USG, tocamos dos temas: las resonancias del pasado Sínodo y las implicaciones de la crisis económica para la vida consagrada. La Asamblea General incluyó los diversos informes de la USG y las elecciones del Presidente, el Vice-Presidente y de los miembros del Consejo ejecutivo. Toda la reunión tuvo como trasfondo unas palabras que Benedicto XVI dijo a los participantes en el Sínodo:

Este es el modo de la evangelización: «Accéndat ardor proximos», que la verdad se convierta en mí en caridad y la caridad encienda como fuego también al otro. Sólo en este encender al otro a través de la llama de nuestra caridad, crece realmente la evangelización, la presencia del Evangelio, que ya no es sólo una palabra, sino realidad vivida.

Saludo inaugural

Don Pascual Chávez, Rector Mayor de los Salesianos, nos dirigió un saludo de bienvenida, que también fue su mensaje de despedida, pues un día después terminaría su mandato como Presidente de la USG. Con sus palabras, nos ayudó a focalizar el tema de nuestra Asamblea: «En la fe, evangelizamos» y a ubicarnos en el contexto eclesial y social.

El Concilio Vaticano II, el pasado Sínodo sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana y el Año de la fe constituyen un gran impulso para la renovación de la vida cristiana y, en particular, de nuestra vida consagrada. Hoy todo el mundo es tierra de misión. Y hoy tenemos ante nosotros nuevos escenarios donde se vive la vida humana, donde se da testimonio de la vida consagrada y donde se desarrolla la misión de la Iglesia.

El contexto social está marcado por la crisis económica, que causa migraciones, tensiones sociales y violencia, y crea una brecha cada vez más profunda entre ricos y pobres; por el cambio en el cuadro político mundial, debido a la presencia de nuevos actores (el mundo islámico y la fuerza emergente de los grandes estados de Asia); por la investigación científica y tecnológica, portadora de muchos aspectos benéficos, pero que parece desconocer los límites naturales y las referencias morales; por el mundo de la comunicación social, con sus aportes y peligros.

«En estos decenios ha aumentado la “desertificación espiritual” –nos dice el papa Benedicto XVI– […] Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza» .¿Acaso no es ésta nuestra misión como personas consagradas?

En el Sínodo, la Iglesia ha asumido la Nueva Evangelización, caracterizada por el compromiso de dar una respuesta positiva a las grandes necesidades de la humanidad. De aquí la necesidad de ser creyentes convencidos y gozosos, capaces de transmitir la fe, ciertos de que sólo en Cristo el ser humano puede alcanzar la felicidad a que aspira. El testimonio personal y comunitario es la primera y más atractiva manera de evangelizar. La vida consagrada está llamada a renovarse, dejándose evangelizar y convirtiéndose pastoralmente, para ser portadora creíble y eficaz de la Buena Nueva.

En la primera evangelización, missio ad gentes de la Iglesia, la aportación de la vida consagrada fue y sigue siendo determinante. También lo es en la evangelización ordinaria, favoreciendo la acogida del Evangelio y la construcción de la comunidad cristiana. Y deberá serlo en la Nueva Evangelización, por el testimonio radical, feliz y valiente de una vida transformada por el Evangelio.

El sínodo

Del 7 al 28 de octubre se llevó a cabo en Roma el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Para apropiarnos de la riqueza de ese acontecimiento eclesial, en nuestra Asamblea contamos con la ayuda de dos expositores.

El primero fue el Prof. Frédéric Mounier, corresponsal en Roma del periódico La Croix, que tiene un tiraje diario de 100,000 ejemplares. Nos presentó –según sus palabras– «una visión periodística, subjetiva y francesa» del Sínodo, visión que a algunos les pareció pesimista. Por cuestión de espacio, no resumo aquí esa ponencia.

El otro de los expositores fue Don Mario Aldegani, Superior General de los Josefinos del Murialdo, uno de los doce miembros de la USG que participaron el Sínodo.
Esa importante reunión se realizó en el contexto del comienzo del Año de la fe y de la celebración del 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. En el Sínodo se pudo percibir la riqueza y la vitalidad de la Iglesia en el mundo, la diversidad de las situaciones y de las opciones pastorales; se hizo evidente que sólo respetando y acogiendo las diferencias se puede llegar a la verdadera comunión.

El Sínodo tuvo un largo camino de preparación. Una de sus etapas fue la publicación de los Lineamenta, con 72 preguntas para reflexionar sobre los argumentos. Como fruto de la Asamblea de noviembre de 2011, la USG envió a la Secretaría del Sínodo una amplia y sustanciosa reflexión sobre el contenido de ese documento. Otra de las etapas de itinerario hacia el Sínodo fue la publicación del Instrumentum laboris, que se redactó sirviéndose de las respuestas recibidas.

El Sínodo se desarrolló siguiendo una estructura articulada. El primer momento fue la Relatio ante disceptationem que realizó el Relator general, Card. Donald William Wuerl, Arzobispo de Washington. A continuación, cinco Cardenales presentaron un breve informe de la situación de la Iglesia en su respectivo continente. En un segundo momento, los Padres sinodales que lo solicitaron intervinieron en el aula durante cinco minutos cada uno; hubo más de 400 intervenciones. Posteriormente, el Relator expuso la Relatio post disceptationem, que debería recoger los principales puntos de las intervenciones y orientar el trabajo de los Círculos menores (lingüísticos), destinados a preparar las Proposiciones. Dichas Proposiciones fueron presentadas, discutidas y votadas en la Asamblea; las aprobadas, fueron entregadas al Santo Padre.

Se espera que, con esas proposiciones, el Papa escriba una Exhortación Apostólica Postsinodal. Además, el Sínodo elaboró un Mensaje al Pueblo de Dios, en el que –a juzgar por el largo aplauso que recibió– se plasmó suficientemente bien el sentir de los Padres sinodales, tanto por el contenido que presenta, como por el tono de esperanza y confianza con que se expresa.

El Espíritu Santo fue dando día tras día a la Asamblea sinodal un tono esperanzador y confiado hacia el futuro, gracias a la experiencia de comunión en la diversidad y a la percepción, en las intervenciones en el aula, de una Iglesia viva, cercana a los problemas del ser humano, en escucha y en actitud de diálogo. Se vio que la Nueva Evangelización implica anunciar el Evangelio y la doctrina de la Iglesia, pero al mismo tiempo la cercanía a la persona que sufre, el acompañarla en sus dudas y en sus búsquedas.

La reflexión en los Círculos menores, en vista de las Proposiciones, fue enriquecedora. Se puso de relieve la referencia decisiva de la Palabra de Dios en la Nueva Evangelización; se subrayó que el encuentro con Jesucristo es el fundamento del compromiso evangelizador, y que la comunión eclesial es una condición necesaria para que tenga fruto. Se produjo también un cambio de mirada: en vez de mirar al mundo con desconfianza y miedo y ver sólo sus problemas, la mirada de la Iglesia se dirigió, en un primer momento, hacia el Señor Jesús, y luego, con los ojos de Jesús, miró al mundo y a cada persona, en especial al pobre.

La Nueva Evangelización –que el Sínodo quiso impulsar– llama a la vida consagrada a ser ella misma, a dejarse evangelizar, a vivir la radicalidad evangélica y a volverse transparencia del Evangelio. La Nueva Evangelización nos pide que vivamos en profundidad el primado de Dios, que seamos buscadores de Dios y compartamos la experiencia espiritual; nos pide ser santos y mostrar el camino de la santidad como fruto de la acogida de la gracia del Espíritu Santo en nuestra vida. La Nueva Evangelización nos invita a cuidar la fraternidad, a suscitar formas de colaboración intercongregacional, a implicar a los laicos en el espíritu y la misión de nuestros Institutos, a tener sentido eclesial y a vivir el don de la comunión.

Señalemos los principales lugares donde se habla de la vida consagrada en las Proposiciones. En la Proposición 42 se hace alusión a la vida consagrada en el contexto de la pastoral de conjunto de la diócesis. La Proposición 43 habla de los dones jerárquicos y carismáticos; entre éstos últimos, la vida consagrada ocupa un lugar peculiar. Entre los agentes de la Nueva Evangelización, el Sínodo dedica una Proposición, la núm. 50, a la vida consagrada, afirmando lo que sigue:

  • La vida consagrada, tanto femenina como masculina, ha contribuido de manera muy importante a la obra de evangelización de la Iglesia a lo largo de la historia.
  • En este momento de la Nueva Evangelización, el Sínodo pide a todos los religiosos y religiosas, así como a los miembros de los Institutos seculares que vivan su identidad de personas consagradas con radicalidad y alegría.
  • El testimonio de una vida que pone de manifiesto la primacía de Dios y que, mediante la vida en común, expresa la fuerza humanizadora del Evangelio, constituye un poderoso anuncio del Reino de Dios.
  • La vida consagrada –plenamente evangélica y evangelizadora, en profunda comunión con los pastores de la Iglesia y en corresponsabilidad con el laicado, fieles a los respectivos carismas– ofrecerá una contribución significativa a la Nueva Evangelización.
  • El Sínodo pide a las órdenes y congregaciones religiosas que estén plenamente disponibles para acudir a las fronteras geográficas, sociales y culturales de la evangelización. El Sínodo invita a los religiosos a avanzar hacia los nuevos areópagos de la misión.
  • Dado que la Nueva Evangelización es esencialmente una cuestión espiritual, el Sínodo subraya la gran importancia de la vida contemplativa en la transmisión de la fe.
  • La tradición milenaria de la vida consagrada contemplativa en sus antiguas formas de vida comunitaria estable de oración y trabajo sigue siendo una fuente poderosa de gracia para la vida y la misión de la Iglesia. El Sínodo espera que la Nueva Evangelización impulse a muchos más fieles a abrazar esta forma de vida .

En la conclusión, don Mario Aldegani citó unas palabras que él había escuchado en el aula sinodal: «No se trata de obligar al mundo a que entre en la Iglesia, así como ella es; de lo que se trata es de hacer una Iglesia capaz de acoger al mundo como el mundo es». Y confesó: «Creo que a través de la experiencia de comunión vivida en el Sínodo, el Espíritu Santo ha sugerido a la Iglesia que actúe así».

Al caer la tarde del primer día de Asamblea tuvimos la dicha de tener entre nosotros al Card. João Braz de Aviz, Prefecto de la CIVCSVA. Nos presidió la eucaristía. En su homilía, nos habló de un tema especialmente grato para él: Dios es Trinidad de amor, es comunión de personas. El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26); por lo mismo, la mujer / el hombre puede amar y debe hacerlo; es capaz de construir comunidad, de compartir la vida con otros. Esto deben vivirlo especialmente las personas consagradas.

Las implicaciones de la crisis económica

El jueves por la mañana, el Prof. Stefano Zamagni, de la Universidad de Boloña, hizo una clara y amena exposición de la actual crisis económica. Se detuvo a analizar sus causas profundas y sus posibles soluciones. Luego tuvimos un amplio diálogo en el que ese experto en economía política dio respuesta a las diversas preguntas que se le hicieron.

No me detengo aquí a hacer una síntesis sobre este tema por tres razones: 1) porque el pensamiento del Prof. Stefano Zamagni sobre la crisis  económica está ampliamente documentado en otros lugares ; 2) porque el expositor no entregó un texto escrito, y 3) para no aumentar el número de páginas de este artículo.

Los informes

Parte importante de las Asambleas que se realizan en el mes de noviembre es la presentación de los diversos informes. En esta ocasión, el más detallado fue el del Secretario General, P. David Glenday, Comboniano. Hizo la evaluación del trienio, recordó el camino recorrido por las Asambleas semestrales y mencionó algunos momentos e instancias de cooperación con los órganos de la Santa Sede y de cooperación entre nosotros.

Como parte del informe de la Comisión Teológica, el P. José Rodríguez Carballo, leyó el borrador de un documento que esa Comisión está preparando sobre las dos formas de vida consagrada masculina: la laical y la presbiteral. Luego escuchamos el informe de la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC), el de la Comisión Jurídica y el de la Comisión de Salud. Esta última presentó un documento que lleva el gracioso y sugerente título: «El asno del samaritano se ha enfermado», sobre las Instituciones de Salud de las/os religiosas/os como instrumento para el ejercicio de la Caridad en el siglo XXI.

Otros informes sólo se nos entregaron por escrito: el informe del Ecónomo, el de la Comisión de Educación, el de la Comisión para el Diálogo interreligioso y el del representante de la USG en el Pontificio consejo “Cor unum”.

En las Comisiones de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC), de Educación y de Salud están involucradas la USG y la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales). A propósito, el jueves por la mañana contamos en la Asamblea con la grata presencia de dos religiosas representantes de la UISG.

La eucaristía del jueves fue presidida por el P. Josep María Abella, supliendo a Mons. Joseph Tobin, quien fuera Secretario en la CIVCSVA, y que dos días antes había partido de Roma rumbo a Indianápolis, pues el Papa lo había nombrado Arzobispo de ese lugar. Extrañamos en la Asamblea la presencia cálida y la palabra estimulante de ese buen hermano y pastor. En la eucaristía agradecimos a Dios todo lo que había dado a la USG a través del ex Superior General de los Redentoristas en su breve paso por la CIVCSVA y pedimos por él y por el fruto de su ministerio. Para los miembros de la USG fue siempre un gran estímulo percibir la manera amistosa como se relacionaban el Card. João Braz de Aviz y Mons. Joseph Tobin, y la forma eficaz de trabajar juntos en favor de la vida consagrada.

Las elecciones

El proceso de las elecciones se llevó a cabo a lo largo de los tres días de Asamblea. El miércoles realizamos algunos sondeos orientativos. El jueves se hizo la votación para Presidente; fue elegido Fray José Rodríguez Carballo, Ministro General de la Orden de Frailes Menores. El viernes fue la votación para Vice-Presidente; resultó elegido el P. Adolfo Nicolás, Prepósito General de la Compañía de Jesús.

Luego hicimos la elección de los miembros del Consejo ejecutivo. Los elegidos –por orden alfabético– fueron: Josep María Abella, Claretiano; Pedro Aguado, Escolapio; Mario Aldegani, Josefino del Murialdo; Javier Álvarez-Ossorio, de los Sagrados Corazones; Richard Baawobr, de los Misioneros de África; Bruno Cadoré, Dominico; Eamon Fitzgerald, Trapense; Thomas Handgrätinger, Premostratense; Flavio Peloso, de  la Obra de Don Orione, y Emili Turú, Hermano Marista.

La celebración eucarística del viernes la tuvimos por la mañana. Presidió el P. Rodríguez Carballo, flamante Presidente de la USG. Pedimos al Espíritu Santo que lo llenara de sus dones y carismas, para que pudiera realizar con fidelidad creativa la nueva misión que Dios Padre le había confiado.

Mensaje final

Para concluir la Asamblea, Fray José Rodríguez Carballo nos dirigió un mensaje que tituló: Con los ojos puestos en el futuro. Su primera palabra fue de gratitud a Dios por haberlo llamado a la vida religiosa. «Llenos de estupor por la obra del Padre de las misericordias en nosotros, brota de lo más profundo de nuestro corazón una humilde pero confiada profesión de fe, hasta poder decir con san Pablo “Sé de quién me he fiado” (2Tm 1,12); y… “todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp 4,13)».

Agradeció también a quienes, depositando nuestra confianza en él, lo habíamos elegido como Presidente de la USG. Y añadió: «Conocedor como soy de mis límites, tiendo una mano para mendigar vuestra ayuda y colaboración, particularmente la del Vice-Presidente y la de los miembros del Consejo ejecutivo, mientras alargo la otra poniéndome a vuestra disposición para seguir animando la vida religiosa hacia una mayor significatividad evangélica que nos lleve a dar respuestas alternativas y convincentes a los desafíos que nos presenta hoy el secularismo, el indiferentismo y el relativismo, presentes tan visiblemente en nuestra sociedad».

Su último agradecimiento lo dirigió a Don Pascual Chávez por su entrega a la USG en los pasados seis años, a los miembros del saliente Consejo ejecutivo, al P. David, a Sor Chiarastella Tenaglia, fmgb, y a cuantos colaboran en la Secretaría de la USG. Todos nos hicimos eco de este agradecimiento, con un fuerte aplauso.

Mirando al futuro, el nuevo Presidente de la USG nos recordó cuatro de las llamadas que nos vienen del Sínodo recientemente celebrado:
1.    Llamada a dejarnos evangelizar, a ser transparencia del Evangelio, «exégesis viviente de la Palabra» (VD 83), a ser nosotros mismos y a vivir la radicalidad evangélica, a prestar especial atención a los tres pilares sobre los que se sostiene la vida religiosa: la espiritualidad, la vida fraterna en comunidad y la misión.
2.    Llamada especial a ser buscadores de Dios, a vivir en profundidad el primado de Dios en nuestra vida y misión, a dejarnos quemar por él, «para que nuestro fuego pueda encender otros fuegos». Esto supone un encuentro real con Cristo, una vida de fe hecha de experiencia; una fe viva celebrada y confesada, que sea el manantial de nuestra alegría y esperanza, de nuestro seguimiento de Jesucristo y de nuestro testimonio en el mundo.
3.    Llamada a habitar las fronteras, los claustros inhumanos marcados por toda clase de pobrezas. La vida religiosa ha de renovar constantemente su compromiso de estar al lado de los pobres y compartir con ellos sus sufrimientos, como lo hizo Jesús. «Con ellos y de la mano de ellos, nos hemos de sentir mendicantes de sentido. Con ellos y de la mano de ellos, ese sentido lo encontraremos en Cristo Jesús».
4.    Llamada a no quedarnos al margen de algunos desafíos hacia los cuales el hombre de hoy es particularmente sensible, como el desequilibrio ecológico, la constante amenaza de la paz, el desprecio de los derechos humanos, «sino situarnos en los nuevos areópagos de la misión en el mundo de la educación, de las comunicaciones sociales… (cf. VC 96-99)».

El Ministro General de los Franciscanos terminó su intervención enfatizando la importancia de potenciar todo lo que facilite la cooperación con los órganos de la Santa Sede, así como la colaboración entre nosotros y con otros organismos de coordinación y animación de la vida consagrada.

Concluimos nuestro encuentro cantando la Salve Regina. Pedimos a la Virgen María que presentara los trabajos y proyectos de la 80ª Asamblea a nuestro Dios Trinidad, y que alcanzara del Espíritu Santo abundancia de gracias para el Presidente, el Vice-Presidente y los miembros del Consejo ejecutivo, quienes durante los próximos tres años guiarán y servirán a la USG.

 

Fernando Torre
Sup. Gral. Misioneros del Espíritu Santo
Presidente de la CIRM

Publicado: 03/12/2012

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